Pez Globo: para zambullirnos en nuestras emociones

Por: Jorge Rodríguez

Recuerdo que cuando tenía cinco o seis años, mi mamá me leía un libro sobre una abeja que visitaba una granja y descubría los diferentes sonidos que hacían los animales. Era de esos libros infantiles ilustrados, con elementos pop-up, que se desdoblaban habitando las coloridas páginas. Y es probable que tú, que lees estas palabras, tengas también la memoria de un libro que marcó tu infancia; un objeto que para muchos adultos podía parecer cotidiano, pero que para una niña o un niño abría la puerta a una aventura de descubrimiento inigualable.

Utilizo la imagen de un libro ilustrado, pues es de esta forma – colorida, ágil y lúdica – que conocemos la historia de León: un niño especialmente sensible que no puede evitar llorar ante cualquier situación complicada, y a quien su padre un día le regala un pez de mascota; un Pez Globo llamado Jacinta. León ha intentado de todo para dejar de llorar en público, aunque nada ha funcionado. Pero el encuentro con su nueva amiga lo ayuda a diseñar una nueva estrategia para combatir sus emociones: inflarse, como si se llenara de agua, para evitar que lo invadan las lágrimas. Por su lado, Jacinta – aunque amargada y sarcástica al principio – comienza a cuestionar su carácter, aprendiendo a ver el mundo como lo ve León: extraordinariamente conmovedor. Así, la relación entre estos dos personajes nos llevará a un viaje hacia las profundidades del corazón, haciéndonos cuestionar las barreras que construimos para dejar de sentir, e invitándonos a reconocer los lugares y las personas con quienes nos podemos permitir derrumbarnos de vez en cuando.

Por: Carlos Alvar

Daniela Arroio nos regala un texto amoroso, que resulta significativo y cercano para las infancias, y que al mismo tiempo conecta de forma sensible y profunda con un público más adulto. Partiendo de un vínculo emocional tan puro como el de un niño con su primera mascota, Pez Globo es una historia hermosa que nos habla sobre la importancia de desarrollar la inteligencia emocional. Me parece que la fortaleza de este texto recae precisamente en la manera en que aborda las emociones desde un lugar de reconocimiento; entendiendo que todas las personas procesan sus emociones de forma distinta, y que, por lo tanto, todxs debemos aprender a sentir y vivir esas emociones. Estructuralmente, la dramaturgia es accesible y dinámica; divirtiendo al espectador, sin soltar la carga emotiva que va construyendo a lo largo de la obra. Y hablando sobre la importancia de llorar, debemos aplaudir la habilidad de esta dramaturga para guiarnos en una verdadera montaña rusa de emociones, que nos dispone perfectamente para soltar en llanto hacia el final de la función. La escena de la mariposa, por ejemplo, es probablemente uno de los recuerdos más vívidos que guardaré de este montaje; en el que todo el teatro exclamó al unísono con sobresalto y horror, para después liberar esa tensión durante las últimas escenas. Y en un mundo tan desensibilizado como el nuestro, resulta particularmente valioso y pertinente que se monten estos textos para nuevas generaciones. Que se generen espacios en donde podamos sentir, para después salir y hablar de lo que sentimos.

Daniela Arroio entrega la dirección de este texto a Valeria Fabbri y Daniel Ortiz, quienes abrazan el carácter fantástico de la trama y convierten el montaje en una aventura submarina, solo posible dentro de la imaginación de un niño. Destaco el diseño de movimiento y las transiciones en este montaje – así como la composición musical e interpretación de Silvestre Villarruel y Alex Gesso – que lo vuelven llamativo y le permiten dialogar con un público joven, dotándoles de estímulos visuales y sonoros constantes.

Por: Carlos Alvar

Una de las MVPs de este montaje es sin duda Zaira Campirano, a cargo del diseño de escenografía, vestuario, utilería y maquillaje. Regresando a la imagen del libro ilustrado, Zaira crea un mundo lleno de color y textura que remite a los dibujos en crayolas de un niño pequeño, y que a su vez contiene referentes llenos de realismo, como en una enciclopedia de vida marina. En este espacio podemos ver a León en su hábitat natural y entender su comportamiento, como si estuviéramos estudiando a una especie salvaje. Y al mismo tiempo, la estética visual del montaje es cuidadosa y gentil; con bordes redondeados, permitiéndonos enfrentar el dolor y la tristeza sin salir realmente lastimados.

La sinergia y complicidad entre María Kemp y Bobby Mendoza (quien alterna funciones con Luis Curiel en el papel de León) es la principal fortaleza de este montaje. Ambos construyen personajes excepcionalmente delineados – no arquetípicos sino más bien complejos – y que sintetizan perfectamente la polaridad entre la emoción contenida y la emoción desbordada. De esta manera, ambos actores emprenden una especie de danza emotiva que materializa la premisa que el texto apunta: que no todas las personas lloran, pero sí todas las personas sienten. Así, juntos, logran que como espectadores nos identifiquemos con ambos personajes, y busquemos con ellos el equilibrio en la forma de relacionarnos con nuestras emociones.

Pez Globo es un espectáculo completo y redondo, cargado de belleza y corazón, que nos invita a derrumbar los gruesos muros de cristal que nos impiden sentir; a reventar ese tanque y dejarnos inundar por nuestras emociones. Esta obra para jóvenes audiencias es un auténtico espacio seguro, para zambullirnos en la tristeza o el dolor y permitir que sus aguas terminen de lavarnos el alma.

Pez Globo se presenta sábados y domingos a las 13:00 h en el Teatro Helénico. Funciones hasta el 31 de agosto. Boletos disponibles en taquilla y en línea.

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