Juvenicidio y Eme Malafe: “Vidas que parece que ya traen la calavera”

Por: Paulina Córdova

Con todo este tema que se ha dado últimamente respecto a si los corridos hacen apología del narcotráfico y/o la violencia, más este fenómeno de los corridos tumbados seguido por millones de jóvenes, me di a la tarea de profundizar en el conflicto porque al ser consumidora de esta música y ser joven mexicana me hacía intuir que el tema era mucho más complejo a cómo lo hablaban los medios de comunicación tradicionales. El libro Corridos tumbados. Bélicos ya somos, bélicos morimos (2023) de José Manuel Valenzuela Arce fue el punto de partida para adentrarme a algo más que la controversia alrededor de esta música, el concepto del “juvenicidio”: “la máquina de muerte artera e impune que se ha ensañado con las juventudes precarizadas inscritas en grandes estrategias bio- y necropolíticas” (Valenzuela, 2018, p.61), una consecuencia del capitalismo neoliberal contemporáneo.

Por otro lado, al ser seguidora del corrido me percaté de un distintivo en el artista capitalino Eme Malafe, sus versos denotan una reivindicación de estas crónicas de calle y condiciones juveniles, no solo en el corrido sino en una amplia variedad musical. En él y en su trabajo artístico se aprecia consciencia y representación del barrio. Acompáñenme por un breve recorrido en la trayectoria artística de Eme Malafe junto al investigador de ciencias sociales José Manuel Valenzuela Arce.

Desde chamaquito lo corrieron de la escuela. El jefe está en el norte, la jefita era fardera. Desde cómo a los ocho lo abandonó con la abuela. Hay vidas que parece que ya traen la calavera. Nomás pisó la calle y lo jaló la banda ñera (…) El angelito se hizo criminal. ¡Ay! Y su madre le lloraba: mataron a mi muchachito. ¡Ay pobrecito! Otra historia pa’ mi barrio. Otra historia pal mural.”

Estos son los versos primeros y finales de la canción El Niño, una salsa que narra el recorrido de un niño desde que se inicia en los entramados del crimen hasta que fallece. No sabemos con exactitud a qué edad muere “El Niño”, sin embargo el juvenicidio lo vamos a abordar de los 15 a los 29 años ya que este es el grupo etario más vulnerable a la violencia en América Latina. En México la principal causa de muerte violenta es la agresión con disparo de arma de fuego (INEGI, 2025, p.28-32). Estas infancias, adolescencias y juventudes mueren, y muchas otras se construyen en esta resistencia de precarización de la vida.

El Niño | Eme Malafe Ft  Jorge Carmona

Esta narrativa de iniciarse a corta edad en el mundo criminal es constante en la música de Malafe por ejemplo en Ni Bueno Ni Malo (2019): “De niño faltó de todo, le sufrí por la carencia, aquí no hay casualidad me jaló la delincuencia. No quiero que digan pobre, no creo que lo entiendan. Usted no sabe lo que es vivir la calle, la violencia. A los 8 me fui de casa, la vida da muchas vueltas, me faltó mamá y papá, me crié con la abuela.”  Ni bueno ni malo, tocó de este lado y hay que guerrear para poder sobrevivir. En tan solo dos canciones podemos ver que la “elección” de esa forma de vida tiene un contexto complejo, marcado por la precarización de la vida y pocas opciones de construir proyectos viables a futuro.

¿Por qué Eme Malafe aborda estos temas? Martín Geovanni Aldana Cervantes nació el 26 de marzo de 1994 en el Callejón de San Pancho en la colonia Paulina Rubio en la Ciudad de México. En numerosas entrevistas ha comentado que nació en una familia humilde pero muy trabajadora, que su infancia fue bonita y que le gustaba mucho acompañar a su papá y a su abuelo en su taller de botes de lámina  hasta que éste dejó de ser redituable por la entrada del plástico. Es a partir de ahí que comenzó para su familia una etapa difícil, sus padres decidieron dedicarse ahora a la comida callejera, vendiendo tacos de guisado, tamales y atoles en el metro Centro Médico, al mismo tiempo su madre realizó trabajo doméstico y  Martín la acompañaba muchas veces. Cuenta que en numerables ocasiones le tocó ver y vivir las humillaciones a su familia, por ejemplo que les quitaran violentamente el carrito donde transportaban la comida que vendían. Vivir estas desigualdades le generó rencor y rabia, más la normalización de la violencia en el barrio lo llevó a buscar otras oportunidades de sobrevivencia y permanencia.

En la adolescencia se fue a vivir a la calle de Mineros en la Colonia Morelos y comenzó a cometer una serie de ilegalidades. “Me armé de una pandilla. Ahora sé que sí influye mucho dónde naces, el ambiente, la carencia y precariedad en la que vives, la banda con la que te desarrollas, los corajes. (…) Hice cosas que no estuvieron bien carnal: delinquir con mis valedores. (…) Fueron días difíciles. Pero sé que en ese momento me sentí abrumado por pasar de no traer ni un centavo en la bolsa a cargar 3 mil pesos de golpe” (G. Rivera, 2024). Sin dejar la escuela como si viviera una doble vida, estos dos caminos lo llevaron por un lado a ser egresado de Derecho por la FES Zaragoza, con una especialidad en Derecho Penal, y por otro a escapar de la Ciudad a Playa del Carmen al verse comprometida su libertad.

¿Y la música? Eme platica que nunca pensó dedicarse a eso, que su sueño de morrito era ser boxeador y que le gustaba escribir historias como un simple juego que después se convirtió en una forma de escape. Otro camino, el de la música, se iba poco a poco construyendo sin que él lo supiera. Hablar de la vida de Martín es hablar de la vida de miles de jóvenes. Su música está llena de sus vivencias, las experiencias de la pandilla que pocos se atreven a contar.

Pa correr nacimos (2017) marcó el inicio de su carrera, esta canción la había compartido con un par de amigos. Cuando regresó a la ciudad la escuchó sonando en los puestos de cd’s de mercados como el de Sonora y la Merced. Como si fuera una señal, una luz, decidió aferrarse a ella. Su música nació y está respaldada por la colonia Morelos. Todo un barrio vió la creación de su gallo, si no había recursos para la producción de vídeos algún vecino compartía su casa, la pandilla los carros, motos y accesorios que se necesitaran. Una colectividad para apoyar al artista que los representaba y simbolizaba el poder salir adelante, salir del barrio. No es por nada que hoy muchas infancias y juventudes tengan el sueño de hacer música.

El 5 de marzo del 2021, Eme convocó al barrio para una rodada de motociclistas y dar un concierto gratuito en la Morelos. La juventud fue criminalizada y detuvieron a más de 170 jóvenes (en promedio de 18 a 22 años) vinculados a proceso por los delitos de ataque a las vías de comunicación, robo, portación de drogas y armas fuente. Para comprender mejor este hecho es necesario hablar de las motos y su significado para los jóvenes. Más que un transporte, simbolizan libertad e identidad, un sueño por el que se debe trabajar arduamente. Existe un fuerte estigma a los jóvenes en motos ya que en éstas se pueden cometer una serie de ilegalidades. Pero el único “delito” que cometieron estos jóvenes aquel 5 de marzo fue el acudir a un evento de entretenimiento, a rodar su moto y ver a su artista favorito cantar  (Gilet E, 2021). Desde entonces el poder de convocatoria que tiene el artista es muy grande, sea para rodadas como para conciertos, su movimiento es llamado “Todos somos un solo barrio”. El video musical de Quien, un trap rudo al puro maleanteo, muestra la convocatoria de ese día y expone la cobertura mediática de la detención policiaca, esta canción lo catapultó a un nuevo nivel dentro de la industria. De este suceso escribió Ahí nací, un rap de protesta donde narra los hechos de aquel día:

“Ellos no son quien para venir a juzgar y criticarnos…Le intento dar voz a todas esas historias que salen en la televisión, en los noticieros. La única diferencia es que lo hago con la perspectiva de este lado, del detenido, del reo, del encarcelado, del familiar de una balaceado, del difunto, del criminal. Hacemos música y eso es lo único. La música siempre ha sido eso, la voz de un chingo de gente, un grito…pero solo eso, un grito y ya. Les da miedo el poder de convocatoria que puede llegar a tener la música. Les da miedo ver a tantos jóvenes juntos…Ustedes deciden que somos delincuentes por andar en moto, por escuchar un tipo de música, por cómo te vistes, por cómo te peinas, por los tatuajes… Sigo en mi lucha y toda la vida seguiré… defendiendo al barrio y sacando la voz y la cara por él. SI VOLVIERA A NACER, NACERÍA EN EL BARRIO”.

AHÍ NACÍ | Eme Malafe

Esta estigmatización de ciertas conductas juveniles de las que habla Malafe están construidas desde el clasismo, el racismo, la pobreza, la desigualdad y la subalternización: a los que no se ve, a los que no se escucha, miles “de jóvenes y mujeres considerados sacrificables, prescindibles, desechables, precarios, canallas, nadies, hundidos, sacers, superfluos, vidas nudas, daños colaterales, periferias, no esenciales, criminales, monstruos, no personas” (Valenzuela, 2023, p. 17). Mientras más adscripciones subalternas se agreguen a la persona como ser mujer, indígena, afrodescendiente, campesino, migrante, transgénero, disidente sexual, mayores son las probabilidades de precarización y vulnerabilidad, congeniando con otros crímenes de odio como el (trans)feminicidio.

El juvenidicio es un concepto de estudio nuevo y se construyó vinculado al feminicidio, Jose Manuel Valenzuela Arce es uno de los autores señeros. En Sed de mal. Feminicidio, jóvenes y exclusión social (2012), propone el concepto debido a la condición sacrificial de mujeres y jóvenes en Ciudad Juárez, Tijuana y otras ciudades fronterizas del país a partir de los años noventa, y al incremento de muerte impune que trajo consigo la supuesta guerra contra las drogas de Felipe Calderón.  El mayor detonante para la conceptualización del juvenicidio fueron los sucesos de Iguala. El 26 de septiembre de 2014 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, acudieron a Iguala, Guerrero para tomar los autobuses que los llevarían rumbo a la Ciudad de México para participar en la marcha conmemorativa del 2 de octubre de 1968, sin embargo policías municipales abrieron fuego contra lo estudiantes para evitar que salieran de la ciudad, dejando como resultado: 43 estudiantes desaparecidos, 6 personas asesinadas y decenas de heridos.

Esta herida abierta nos permitió “entender la descomposición del Estado y cómo el llamado crimen organizado ha permeado una parte importante de las instituciones y de la vida social y que posee en el juvenicidio, una de sus consecuencias más dolorosas” (Valenzuela, 2015 p. 11). En pleno 2025 seguimos sin saber dónde están los 43 jóvenes estudiantes, solo tenemos claro que fue un crimen de Estado en el que participaron miembros del grupo delictivo Guerreros Unidos y agentes de diversas instituciones del gobierno mexicano. Este tipo de hechos podemos observarlos en todo América Latina por ejemplo: con los falsos positivos de Colombia, en la limpieza social de las favelas de Brasil, la represión en la dictadura argentina y chilena, en el encarcelamiento identitario de la Mara Salvatrucha y la pandilla del Barrio 18 en el Salvador.

Valenzuela (2015, 2018, 2023) nos muestra al juvenicidio como un escenario de precarización lleno de múltiples violencias estructurales: desempleo, informalidad, pobreza, imposibilidad de comprar una vivienda, obliteración de los canales de movilidad social, inaccesibilidad al consumo, desigualdad, desplazamientos forzados, fractura de las instituciones, paralegalidad, impunidad, corrupción, desciudadanización, desacreditaciones de identidades no homogéneas; más la subalternización llevan a decenas de miles de infancias y jóvenes a dejar la escuela, a migrar, a marchar, a exigir derechos y justicia, a cometer ilegalidades, a formar parte de algún grupo delictivo o del narcotráfico. Dirigiendo a estas juventudes a una zona de riesgo: la necrozona.

Elaboración propia

Más allá de la criminalidad impuesta a las juventudes pobres, la realidad es que “excluidos del acceso a empleos dignos o tan solo formales, de garantías de seguridad social. (..) Algunos optarán por la realización de actividades de alto riesgo y adrenalina, otros encontrarán sus opciones en la alteración de las percepciones mediante sustanciales legales e ilegales, otros buscarán acceder al dispendio y consumo prometido a través de actividades ilegales e incursionaran en los espacios del narcomundo” (Valenzuela, 2015, p 75). En el barrio se sabe que elegir estas opciones conlleva sus riesgos y en la narrativa musical de Eme Malafe están muy presentes, como en su primer corrido La última bala (2020) donde canta “El final: hospital, cárcel o panteón”. O como en el corrido El de Ciudad (2020) con dedicatoria al chamaco que se lo jaló la empresa y vencida la pobreza hoy festeja tirando balitas al aire.

“Otro día otro muerto, otro chamaquito preso, otro robo, otro reclu, otro que va para ingreso, otra jefita por su hijo entre los llantos y los rezos. Otra familia se deshace por salirle por los pesos (…) ¿Te acuerdas de la chamaquita? La reclutó un colombiano. ¿El niñito? El chiquito ya anda con los michoacanos. Aquí así es el sueño, vender vicio, ser sicario. Dime si no es orgullo salir del barrio.”

Rosarios y Balas | Eme Malafe Ft Hadrian

El incremento de las organizaciones criminales, la banalidad del mal, el presentismo intenso (vivir la vida al límite y morir joven pero morir rico), el hedonismo como forma de vida, traen consigo “una amplia participación de jóvenes asesinando a otros jóvenes (…) escenifican los interminables eventos de muerte artera” (Valenzuela, 2015, p.69). Canciones como “Ni miedo, Ni piedad” (2023) o “Vrgcra” (2023) hablan de estos momentos al límite, versos violentos, de venganza, donde se sabe que la calle está en guerra y los morros son suicidas: “Nacimos sin miedo, nacimos sin nada, nacimos muertos”. De estas dos canciones en particular me parecen muy interesante sus videos, en ambos Eme Malafe se ve acompañado por cientos de jóvenes en motos disfrutando su música. Contrario al contenido lirical lo que aparecen en los videos son sentimientos de unión, orgullo y celebración. Este grito violento reconfigurado en que el barrio y sus jóvenes tienen el derecho al entretenimiento y la cultura, que aunque vuelvan a ser estigmatizados por los medios de comunicación van a seguir tomando las calles para ver a su artista favorito.

El juvenicidio “es el asesinato persistente y sistemático de jóvenes, es la expresión límite de diversos procesos de precarización de la vida inscrita en violencias estructurales de diversa índole como son las simbólicas, las objetivas, las culturales, las violencias económicas y las desacreditaciones identitarias, la desubjetivación, la desciudadanización, la deshumanización de las personas, condiciones que obliteran las posibilidades de vida digna a las mayorías del planeta” (Valenzuela, 2023 p. 27).

En mayo del 2022, Martín recibió 3 impactos de bala cuando tenía 28 años. Los medios de comunicación esparcieron el rumor de que había sido asesinado, las redes sociales por un lado, llenas de comentarios estigmatizantes y por otro, mensajes llenos de apoyo y fuerza. Martín es sobreviviente del juvenicidio en su fin más doloroso: la muerte, y es la esperanza de pensar e inventar un mundo mejor para miles de juventudes. De este suceso, devino un proceso largo, si Martín estuvo siempre en resistencia ahora más, se asumió por fin como artista y al arte como su arma más poderosa. El medio que le ayudó a anteponerse al trauma fue la escritura, el vómito verbal de haber estado en el umbral entre la vida y la muerte. Bien diría Valenzuela que la crónica de sobrevivencia ayuda a continuar la vida, y en un mundo con una sociedad, una autoridad y un Estado que te dan la espalda me parece transformador acceder al verso cruel y violento para desahogarse, para sacar esa rabia y convertirla en música. Como parte de su proceso de recuperación creó La Danza del Diablo, una obra musical donde presenta tres canciones: Cuna de maleantes, Me voy pa’l infierno y Mi última venganza, que van del rap al corrido y del corrido a la banda sinaloense.

“Siento que cuando escribo, les estoy haciendo daño, a los chamaquitos bien emocionados. Los temas, de lo que hablo, la película, el descaro y es que no sé, yo nunca dije ser un santo. ¡Qué fácil! ¿No? Estar atrás nomás hablando: Mira, lo balacearon, seguro que andaba en algo. Lo mataron, lo mataron decían los encabezados y no me siento muerto, solo un poquito cansado. Le tiran y le tiran y me la como callado (…) Soy el Malafe, chinga, yo me voy a ir guerreando. ¿Y qué hago si ya sé que lo que escribo no es correcto? Otra corretiza, otro herido, otro arresto. Otro que ya no está, a veces hasta busco textos, leo los whatsapps de amigos que ya están muertos (…) La vida puso un cuaderno y al lado una arma, escogí el cuaderno pensando que habría más calma (…) Les juro que no he perdido la fe.”

La Danza del Diablo | Eme Malafe

A través de los años y de cada proyecto nuevo, Martín demuestra no solo el artista sino también el ser humano empático, consciente y revolucionario que es. Siempre ha tenido un mensaje para el barrio y para las y los jóvenes, pero este se ha ido puliendo y es cada vez más claro, ha luchado arduamente para ganarse un lugar en la industria y sabe que desde ahí el discurso debe ser utilizado con otro tipo de inteligencia. Todo esto se demuestra en su primera serie musical llamada Santos (2024), una parte de ella fue grabada en Los Pinos donde en algún momento se habló de la supuesta guerra contra el narco que ha afectado a millones de jóvenes como Martín. Mi intención en un principio era describir lo que sucede en cada capítulo pero voy a spoilear demasiado la historia, me parece más adecuado que se sorprendan viéndola, que descubran las dos lecturas que tiene, por una parte la de la propia narrativa de la serie, por otra el contenido de cada canción y cómo es que funcionan juntas. El argumento básicamente es la historia del Diablito (interpretado por Eme Malafe) y las circunstancias que lo llevan a entrar al crimen organizado. La familia como destino, la desaparición de miles de mujeres en nuestro país, las infancias y el crimen, la homosexualidad, los códigos del narcomundo, el amor que aparece hasta en lo más cruel, el cáncer y otros temas van llenando la historia. Cada capítulo aborda una problemática social y en total son seis: San Judas, Morro, Bendiciones pa los míos, Que chingon, Salí recio, Oveja Negra y un bonus track Así es la calle.

 “A veces le pregunto a Diosito cómo es que acabé en la mafia. Tengo recuerdos de chamaquito, mis carritos, la primaria. Mis jefitos siempre bien humildes pero siempre gente de chamba (…) La vida da unas pinches vueltas, mi apasito se marchaba. Ahí le dije hola a una beretta y adiós a mi infancia. Y Dios si me estás escuchando. ¿Por qué a mí chingados me tocó la carencia? Vivirla de morro, sufrirla bien perra, ver que por dinero humillen a la jefa (…) Y no me cae, le juro que no es queja, ta’ culera la pobreza. Nada más me ve mi jefa, me besa, aquí anda su oveja negra. Y no me cae, le juro que no es queja, ya me gustó la violencia”.

Oveja Negra | Eme Malafe

La escritura de la serie y las canciones además de contar la historia de Martín, está acompañada por testimonios de reos para mostrarla humana. En el proceso de grabación participaron jóvenes actores, muchos de ellos del Instituto de la Juventud de la Ciudad de México, con el fin de que la juventudes vivan estas experiencias artísticas y culturales para mostrarles otros caminos, reflejando lo cotidiano en el corrido, al cantante como el cronista de la calle y demostrando que desde el barrio se hace arte de calidad. En mi opinión este proyecto consolida a Eme Malafe como el artista de corridos de la Ciudad de México. El chamaco de barrio que siempre quiso hacer corridos, el de ciudad que se jaló la industria musical. A propósito este próximo 21 de noviembre sale su nuevo álbum titulado La Capital, el representante de corridos de la CDEMEX (Ciudad de México y Estado de México) va a ganarse otro nivel de reconocimiento.

Para finalizar este breve recorrido, es importante mencionar que en el repertorio musical de Eme, sus letras y discursos se habla siempre de los que ya no están, de hermanos, familia, amigos, la pandilla. Como canta en Angelitos (2025): “Por mis muertos ya no hay para atrás”. O en canciones como Dónde estés (2017) o Mi Carnal (2025) que están dedicadas a alguien en particular. Estas canciones junto al discurso que siempre sostiene Eme arriba del escenario, es para que los morritos no decidan irse por el mal camino, que tienen las cualidades para soñar con cosas mejores y que quien nace en el barrio merece una vida digna y las mismas oportunidades.

Hoy yo escribo y les comparto esto deseando un mundo mejor donde no se quebranten la libertad y los sueños de las minorías, donde no desaparezcan ni maten a las infancias, a las mujeres como yo, ni a los jóvenes, donde no existan los crímenes de odio, la realidad es que para que esto suceda necesitamos un cambio radical en el proyecto civilizatorio. Pero un día todo va a cambiar y va a llegar el día de nuestra suerte, sin olvidar cómo el dolor y las pérdidas nos han atravesado. Como afirma Valenzuela se tienen que identificar las causas y los responsables de tanta muerte innecesaria, porque vivimos se los llevaron y vivos los queremos, porque las y los jóvenes soñamos con un mundo mejor y una leyenda del barrio nos está ayudando a resistir y a construirlo.

El Día De Nuestra Suerte | Eme Malafe Ft C-Kan

“Yo solo soy un carnal más, un morrito que un día tuvo un sueño y que le chinga bien recio por conseguirlo, pero ustedes son más que eso, ustedes son un movimiento, ustedes son algo en qué creer, ustedes son “TodosSomosUnSoloBarrio”, yo algún día voy a irme y esto tiene que seguir, tiene que seguir ese orgullo que sentimos por ser de donde somos, que se sepa que de este lado somos un chingo de gente que le chambea macizo, que somos bien aferrados hasta conseguir lo que parece imposible, tiene que seguir ese sueño de los morritos de barrio por querer salir adelante, por querer comprarle casa a la jefita, los morros están cambiando el sueño de andar en la vida loca, está cambiando por el de ser artista, boxeador, cantante y claro que eso merece una celebración, merece demostrar que estamos juntos”

(ig: @ememalafe)

 

Recuerda que EME MALAFE llega este 19 de diciembre al Auditorio BB

Bibliografía: