Una nota rápida, pero no tan rápida como la marca que vistió a Bad Bunny en el súper tazón

Por: Estefanía Córdova

Al ser un evento tan mediático, es casi imposible no haber visto algo sino es que todo el espectáculo de medio tiempo que dio Bad Bunny en el super tazón del pasado 8 de febrero. Una gran mayoría nos sentimos conmovidxs y orgullosxs de ser latinxs, entre tanta noticia abrumadora nos dio un momento de alegría y esperanza. ¿El espectáculo habría tenido el mismo impacto y repercusión si el clima político en EE.UU. no estuviera tornándose tan fascista gracias a la nueva administración de Trump?, ¿Si la agencia antiinmigración nombrada como “ICE” no estuviera acosando, persiguiendo y deteniendo a cientos de personas de origen latino? Probablemente no, por eso desde que Bad Bunny y su equipo decidieron que la narrativa de su espectáculo no solo mantuviera la carga política de reivindicación a Puerto Rico; sino que apelara directamente a la identidad latinoamericana iniciando con un “qué rico es ser latino”, representando ciertos elementos que compartimos y nombrando al final a todos los países que conforman al continente americano desafiando directamente al imperialismo estadounidense, todos los aspectos de la producción debieron de ser considerados. Y si lo fueron, cómo seguramente sucedió, tenemos que hablar de la ropa que se utilizó.

Para muchxs fue una llamada a la discusión saber que las prendas que vestían tanto él como sus bailarines eran de la marca Zara, porque la ropa que decidimos utilizar nunca es un detalle menor. Aunque muchas veces la industria de la moda pretenda engañarnos con que la ropa no es nada más que algo que se ve bonito, las prendas portan simbolismos mucho más profundos pero sobre todo conducen intereses capitalistas.

Actualmente Zara se encuentra dentro de la lista de boicot directo del BDS, movimiento que intenta minar la participación y apoyo de empresas globales al genocidio que Israel mantiene contra Palestina. Esta iniciativa alude directamente a nuestra agencia como consumidores, uno de los mecanismos de acción que tenemos a disposición frente a la destrucción de las condiciones de vida de las y los palestinos, que está próxima a ser redefinida por la “Junta de Paz” promovida por Trump y por el plan económico para la “Nueva Gaza”, presentado por su yerno Jared Kushner en el Foro Económico de Davos, el pasado mes de enero. Un “plan de reconstrucción” al que solo le faltó señalar cuántas tiendas de marcas como Zara o Skims estarán disponibles para el consumo de las y los ocupantes israelíes en la tierra que terminará por ser robada a Palestina. Como muchos medios ya han señalado no hay congruencia en reivindicar libertades de autonomía para unos pueblos, y al mismo tiempo colaborar con una marca que tiene una estrecha relación comercial con Israel y financia su proyecto sionista, es incengruente cuando Palestina y los países de América Latina, seguimos sufriendo en distintos grados el colonialismo y el imperialismo. Pero más allá de estas opresiones, lo que nos une es la solidaridad internacional que nos permite en el encuentro de los intereses en común la creación de movimientos de resistencia y de liberación más extensos.

Tan solo unas horas después del fin del espectáculo, la marca Found hizo una publicación en redes sociales en la que contaba que a pesar de su esfuerzo y trabajo a contrarreloj, pero sobre todo a pesar de mantener una relación de trabajo con el equipo de estilistas de Bad Bunny, las prendas que le habían sido encargadas fueron descartadas en el último momento y se eligió la propuesta de Zara. Lo primero que se señaló es que la marca de Faraz Zaidi, estadounidense de origen paquistaní, no pudo competir con los procesos de producción tan rápidos que la marca española ha perfeccionado. Found mostró videos donde se ve a sus artesanos en Zardozi, Pakistán realizando un trabajo meticuloso de bordado de flores. Se cuestionó que la decisión final hubiera dejado fuera la oportunidad de presentar a un público internacional una marca independiente, con parámetros sostenibles y producción lenta. ¿Cómo algo que genera tanto tema de discusión parece haber sido una decisión de último momento?, ¿Estamos, o están tan acostumbradxs lxs artistas, a disponer de tanta cantidad de ropa que sin importar la marca, el precio o la ocasión para la que será usada se consideran opciones que pueden ser descartadas tan a la ligera?, ¿En qué momento serán imposibles los procesos de producción que involucran un gasto tan enorme de trabajo, energía y recursos sin la certeza de que las prendas serán utilizadas? Si algo queda claro es que las relaciones dentro de la moda son tan caprichosas e inestables que los compromisos no son algo que esté dispuesta a mantener, para perjuicio de las personas y las marcas que intentan construir otras formas de consumirla.

Instagram: @Complexstyle

En redes sociales algunas personas defendieron a Zara, confundiendo como elemento en común que la moda rápida que vende democratizó el acceso a la moda en Latinoamérica. Este argumento, el de que la moda rápida democratizó (en todo el mundo) el acceso a este consumo, sirvió para asentar la cronología histórica del desarrollo de la moda como industria operada totalmente bajo la lógica de acumulación capitalista. El término moda rápida más que referirse a un acceso igualitario a la moda, trata sobre el abaratamiento de los costos de producción. Al manufacturar en países donde las trabajadoras textiles reciben salarios insuficientes y trabajan en fábricas con condiciones laborales inhumanas, el capital puede comprar a precios muy bajos las mercancías en masa que producen. Seguir sosteniendo esta idea gastada y querer hacerla una realidad para toda la diversidad latinoamericana abona más a la construcción de estereotipos y borra las distintas experiencias de quienes habitamos estos países, no todas las personas pueden comprar con facilidad en esta tienda, para muchas nunca ha sido una marca barata y cuando compran lo hacen por medio del crédito. Además este argumento termina justificando lo insostenible que es, como si no merecieramos opciones dignas para vestir y expresar nuestras personalidades e identidades, como si no existieran desde antes de la moda rápida costureras, artesanas y trabajadoras textiles que con su trabajo nos han vestido, como si nosotrxs como consumidores no tuviéramos agencia para decidir sobre los consumos que hacemos, como si no tuviéramos acceso a la información y no pudiéramos sentir empatía por las demás personas.

Es más, ni siquiera la marca quiere ser considerada como moda rápida, la presidenta no ejecutiva (lo que sea que signifique ese cargo) de grupo Inditex, Marta Ortega (hija de Amancio Ortega, fundador de la empresa) declaró en una entrevista que le hizo Times en 2023: “no nos identificamos con lo que llaman moda rápida. Porque eso nos recuerda la cantidad de artículos sin vender y ropa de mala calidad que se vende a precios muy bajos, y eso no está más lejos de lo que hacemos”. En ese mismo artículo, se señala que un carrito de compra promedio en Zara costaba en ese momento alrededor de 70 euros, unos $1,421 pesos mexicanos. Y se estima que la marca produce unas 450 millones de prendas nuevas al año, tanta cantidad de ropa no puede ser producida de otra forma que bajo el modelo de explotación de la moda rápida.

Por eso Zara no puede producir sino es en masa, manufacturó adicionalmente 999 playeras como la que Benito utilizó para regalarlas en la fiesta oficial que hizo en Puerto Rico el día del partido, más las playeras que se les regalaron también a las y los trabajadores de las oficinas centrales de Inditex que estuvieron involucrados en el diseño del vestuario. A pesar de la advertencia de la marca de que estás playeras no iban a estar a la venta, lo exclusivo lo es hasta que se le pone un precio que alguien está dispuesto a pagar. Las playeras ya se pueden conseguir en tiendas en línea de segunda mano con un precio promedio de 600 euros ($12, 184 pesos mexicanos), y los tenis Adidas que usó son parte de su nueva colaboración con la marca que tienen un precio de venta alrededor de los $3,199 pesos mexicanos.

Desde la WEB

Como dice Mónica Nepote en Las trabajadoras (2024) “la vestimenta es política, la vestimenta dice de la procedencia, habla de economía, habla de ostentación, habla de pobreza, habla en género de quien la porta, se desdice, agrede o agrada” (pp.14-15).