Entrevista: La Dama del Puerto

La puesta en escena La Dama del Puerto fusiona tango y teatro para contar una historia intensa ambientada a principios del siglo XX, pero profundamente vigente en la actualidad. Con solo tres personajes en escena y sin diálogos hablados, la obra construye su narrativa a través del cuerpo, la música y la emoción.

En entrevista, Ana Belén Ortiz comparte lo que significa formar parte de este montaje, el reto de interpretar a Margot y el mensaje que busca dejar en el público.

¿Qué significa para ti formar parte de La Dama del Puerto?

Es un sueño cumplido. Yo ya conocía la obra, antes la interpretaba quien hoy es la directora, y siempre me pareció una puesta en escena increíble, muy intensa y emocional. La veía y pensaba: “Qué maravilloso sería estar ahí”.

Cuando llegó la invitación, fue realmente un sueño hecho realidad. Desde una historia muy personal en la que incluso dudaba si podría ser bailarina, de pronto estoy aquí, formando parte de este proyecto. Además, el mensaje de la obra es muy fuerte y conecto profundamente con la idea de llevarlo a más personas.

Dar vida a Margot implica representar una historia compleja. ¿Qué significa para ti interpretarla?

Es darle voz a muchas mujeres que quizá no han podido contar su historia. Margot representa esa lucha interna entre la seguridad y el confort frente a la libertad y el amor propio. Habla del precio que a veces se paga por decidir por una misma.

Interpretarla es poder transmitir ese mensaje a quienes lo necesiten, a quienes estén atravesando situaciones similares y necesiten valor para priorizarse.

La historia está ambientada a inicios del siglo XX. ¿Qué tan vigente sientes su mensaje hoy?

Totalmente vigente. Aunque se sitúa en 1900, los dilemas siguen siendo los mismos: el deber ser contra lo que realmente queremos, el miedo a romper con lo establecido, el temor a salir de relaciones o situaciones que no nos hacen bien.

Es un conflicto eterno. Hoy seguimos viendo esas mismas luchas internas en distintos contextos. Por eso la historia conecta tanto.

El montaje fusiona tango y teatro. ¿Cómo se convierte el tango en herramienta narrativa?

El tango es el lenguaje principal de la obra. No hay diálogos hablados; todo se cuenta a través de la danza. Cada movimiento tiene un significado, es como hablar desde el cuerpo.

El tango permite una conexión muy profunda entre los personajes y esa misma energía se expande hacia el público. Lleva la narrativa a un nivel completamente emocional, donde las palabras dejan de ser necesarias.

¿Qué retos implicó contar una historia tan intensa con solo tres personajes y sin texto hablado?

El mayor logro es que la obra está construida de forma tan contundente que te lleva de la mano. La música, la selección de los tangos, todo está diseñado para guiar la emoción.

Como intérprete, el reto es que cada movimiento tenga intención. Cada gesto comunica algo. Además, es una obra físicamente demandante y emocionalmente intensa, así que requiere preparación y entrega total.

¿Cómo fue trabajar bajo la dirección de Valeria Vega?

Es una experiencia muy enriquecedora. Ella no impone, sino que guía con preguntas y reflexiones para que construyas el personaje desde tu interior. Hay una base clara, pero te permite aportar tu experiencia y tu esencia.

Los ensayos combinaban trabajo interno y técnico, logrando que la actuación y la danza se integraran de manera orgánica.

¿Qué aprendizaje personal te dejó interpretar a Margot?

Principalmente, atreverme a ir por mis sueños cuidándome. A nivel personal, fue enfrentar miedos y exigirme tanto física como emocionalmente. Es un personaje intenso, pero también una oportunidad de crecimiento enorme.

¿Qué hace única a La Dama del Puerto?

Que está contada 100% con tango. No es común ver en México una obra de tango que narre una historia completa de esta manera. Además, la trama provoca reflexión y debate; el público suele salir con ganas de conversar y analizar lo que vio.

También buscamos que la experiencia sea inmersiva. Después de la función, el público puede continuar la bohemia tanguera en el restaurante argentino La Mondiola, gracias a una alianza especial que extiende el universo del espectáculo más allá del teatro.

Para cerrar, ¿qué le dirías al público para invitarlo a ver la obra?

Que no lo duden. Es una experiencia distinta, intensa y profundamente emocional. Van a disfrutarla y seguro tendrán mucho de qué hablar después.

Además, son pocas funciones, así que vale la pena aprovechar y vivir esta forma diferente de contar historias, donde nadie es completamente bueno ni completamente malo, y todos podemos vernos reflejados.

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