
Querida Viri,
Fui a ver una obra de teatro y la creadora le preguntó al público: “¿Nunca les ha pasado que tienen 17 años y se quieren morir?”
Puedes creer que en ese momento no pensé en esto hasta que quise escribirte, porque al pensar a quién le recomendaría esta obra, pensé en ti.
Yo no tenía 17. Tenía 12 o 13 años cuando empecé a pensar en la muerte, no porque quisiera irme, sino porque quería entender algo que tú ya pensabas.
Hace unas semanas vi una obra que me hizo volver ahí, a escuchar a alguien atreverse a decir en voz alta cosas que casi siempre guardamos porque incomodan, porque asustan.
Se llama Un cuarto azul, escrita y actuada por Samantha Coronel, quien también codirige la obra junto con Laura Baneco. Por un momento sentí que estaba dentro de la mente de alguien, como alguna vez intenté entrar a la tuya.
El espacio era un cuarto con más oscuridad que luz. Había una tina al centro, un espejo, una maleta. En el piso, algo que parecía vegetación, pero eran piezas hechas a mano. Todo el tiempo se escuchaba el sonido del agua cayendo, gota por gota, como si el tiempo no avanzara dentro de los pensamientos.
Hay algo que lo hace todavía más íntimo: gran parte de ese espacio está hecho por ella misma, como si todo fuera una extensión de su mente.
Y no sé… había algo ahí que me hacía ruido, como si ese cuarto no solo fuera un lugar físico, sino algo que salió de ella. Como si así como construyó su historia, también hubiera construido ese espacio, y todo le perteneciera de una forma muy profunda.
La obra también toca la maternidad, y de alguna forma esa idea atraviesa todo, no solo en lo que dice, sino en cómo está hecha. Como si ese proceso de crear no se quedara en lo escénico,sino que llegara hasta los detalles más mínimos,como si todo hubiera sido cuidado, construido… casi gestado.
Tal vez por eso todo se siente tan cercano, porque no hay separación entre quien crea y quien siente.
Me preguntaba si tú también lo habrías sentido así.

Samantha estaba sola en escena, pero no se sentía vacío, porque todo pasaba a través de su cuerpo. Creo que por eso también se vuelve un unipersonal tan especial, porque no hay distancia ni soporte externo: todo pasa a través de ella.
Entendí algo viendo la obra: que un proceso emocional nunca es lineal. Los pensamientos se transforman; a veces son fantasía, luego miedo, luego incomodidad, luego rabia y, de pronto, también amor. ¿Quién dijo que sentimos una sola cosa a la vez?
Eso es lo que hace esta obra: te mete en ese vaivén sin orden, sin explicación. Creo que eso es lo que tú tratabas de nombrar y que yo en ese momento no sabía cómo entender.
Creo que por eso se siente distinta, Viri, porque no te deja pensando desde lejos, te contiene. Es como si en lugar de cuestionarte, te acompañara.
Tal vez funciona así porque no hay distancia. No es alguien interpretando una historia, es alguien atravesándola nuevamente, pero ahora en escena.
Por eso tampoco te deja como espectador afuera. Sin darte cuenta empiezas a reconocerte en lo que está pasando, y tal vez por eso pensé en ti.
La actuación es de las más fuertes que he visto este año. No se siente construida, se siente vivida, como si estuviera pasando en ese mismo momento.
Hay momentos donde usa un humor muy ácido, de esos donde no sabes si reírte o no, pero justo eso hace que todo se sienta más real. Me imaginé cómo te habrías reído.

También habla de su mamá, pero no como historia, sino como esas cosas que se quedan, esas heridas que se heredan sin que sepamos en qué momento.
Pensé mucho en eso que se dice, que una madre puede transmitirle todo a su hijo incluso antes de nacer, y me pregunté si esa conexión realmente se corta o si hay cosas que simplemente se quedan, como emociones que se siguen pasando de una vida a otra.
Hubo algo que no pude dejar de pensar: que la persona que te da la vida también te da, inevitablemente, la muerte. Entonces, ¿por qué nos asusta tanto hablar de eso, si es lo único que sabemos con certeza?
Creo que eso fue lo que más me movió: que la obra no intenta corregir estos pensamientos ni decirte que están mal. Solo los pone ahí, como parte de lo humano.
Desde que te fuiste, por mucho tiempo me dio miedo siquiera nombrarlo, como si hablar de eso fuera a acercarlo más.
Pero hoy lo sentí distinto. Como si abrazar esa idea también fuera una forma de entender el amor a la vida.
Y no sé, por un momento sentí que si hubieras visto esta obra, la habrías entendido. O tal vez te habrías sentido acompañada.
Yo sí pensé en ti.

Un cuarto azul tendrá sus últimas dos funciones en la Sala Novo, los sábados 21 y 28 de marzo a las 7:00 pm.