Metronomy y el arte de hacer canciones raras que terminaron siendo himnos

La banda británica llegará al Teatro Metropólitan con una carrera marcada por el synth-pop elegante, discos clave del indie y shows que siguen creciendo con el tiempo.

Hay bandas que nacen para seguir tendencias y otras que simplemente terminan creando su propio camino. Metronomy pertenece al segundo grupo. Desde finales de los noventa, el proyecto encabezado por Joseph Mount encontró una manera distinta de mezclar electrónica, pop e indie sin sonar como nadie más alrededor. Y aunque al principio parecía un experimento casero armado desde una computadora vieja, con los años se convirtió en uno de los nombres más importantes del indie británico moderno.

El próximo 4 de junio, Metronomy regresará a la Ciudad de México para presentarse en el Teatro Metropólitan, un venue que parece perfecto para una banda que siempre ha trabajado muy bien los detalles sonoros y visuales. La visita también sirve como excusa ideal para revisar la trayectoria de un grupo que nunca dejó de evolucionar.

Cómo Metronomy pasó del lo-fi a convertirse en referente del indie electrónico

La historia de Metronomy comenzó en Devon, Inglaterra, cuando Joseph Mount empezó a grabar música electrónica desde su habitación. Al inicio, el proyecto tenía un enfoque mucho más instrumental y experimental. Eso quedó claro en Pip Paine (Pay The £5000 You Owe), álbum debut lanzado en 2006, donde ya aparecía esa combinación entre ritmos extraños y melodías pegajosas que terminaría definiendo al grupo.

Pero el verdadero cambio llegó con Nights Out en 2008. Ahí fue donde Metronomy encontró una identidad mucho más clara: canciones bailables, sintetizadores brillantes y letras que conectaban con la vida nocturna, las relaciones y esa sensación de ansiedad moderna que pocas bandas lograban retratar tan bien en esos años.

La alineación también ayudó a fortalecer el proyecto. Con la llegada de Anna Prior en la batería y Olugbenga Adelekan en el bajo, la banda ganó muchísima fuerza en vivo. Metronomy dejó de sentirse como el proyecto personal de un productor y comenzó a funcionar como un grupo completo con una personalidad muy definida.

Luego apareció The English Riviera en 2011 y todo cambió. El disco fue nominado al Mercury Prize y terminó consolidando a la banda como uno de los actos más importantes del indie europeo. Canciones como “The Look” o “Everything Goes My Way” ayudaron a construir un sonido elegante, relajado y muy reconocible.

La evolución de Metronomy y su conexión con el público mexicano

Algo que mantiene vigente a Metronomy es que nunca se quedó atrapado en una sola etapa. Después del éxito de The English Riviera, la banda siguió moviéndose entre distintos estilos sin perder identidad. Love Letters apostó por influencias más retro y cercanas al soul; Summer 08 recuperó parte del espíritu electrónico de sus primeros años; mientras que Metronomy Forever y Small World mostraron una faceta más introspectiva y madura.

Joseph Mount también se volvió una figura importante como productor y remixer, colaborando con artistas reconocidos internacionalmente y expandiendo todavía más la influencia sonora del proyecto.

En México, Metronomy encontró un público particularmente fiel. Tal vez porque sus canciones funcionan igual de bien en un festival enorme que en unos audífonos durante un trayecto nocturno. Hay algo muy cercano en su música: melodías tranquilas, bajos hipnóticos y letras que nunca necesitan exagerar para quedarse contigo.

Por eso, el concierto en el Teatro Metropólitan genera tanta expectativa. No sólo será una oportunidad para escuchar clásicos del indie electrónico moderno, también para ver a una banda que lleva más de veinte años demostrando que se puede hacer pop inteligente, bailable y creativo sin perder naturalidad.

Metronomy nunca necesitó hacer ruido excesivo para mantenerse relevante. Su carrera se construyó canción por canción, disco por disco, y quizá esa sea la razón por la que siguen conectando con tanta gente después de tanto tiempo.

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