El trabajo es arte

Por: Estefanía Córdova

Como cada año, la Met Gala se llevó a cabo el primer lunes de mayo, y el argumento de que este evento se realiza para recaudar fondos monetarios para el Instituto del Vestido del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York no fue suficiente en esta ocasión para silenciar las críticas de lo que realmente es: una fiesta elitista de personas adineradas y famosas promoviendo la supremacía blanca, vestidas en muchas ocasiones con prendas que fuera de esa atmósfera artificial de “alta cultura” resultarían ridículas.

La atención mediática ocurrió esta vez desde antes de la gala, alrededor de las acciones colectivas promovidas por el grupo político “Everyone Hates Elon” para boicotear el evento que este año fue en su totalidad financiado por Jeff Bezos y su esposa Lauren Sánchez. Las acciones de boicot sucedieron en Nueva York, donde se colocaron cientos de carteles en las calles y en el metro evidenciando la colaboración de Amazon en las economías de guerra de Estados Unidos e Israel: con inversiones millonarias en servicios de inteligencia artificial para el gobierno estadounidense (principalmente para la agencia antiinmigración “ICE”) y su participación en el Proyecto Nimbus junto al gobierno de Israel y Google. El boicot también incluyó la intervención directa dentro del Museo del Met en el que se colocaron 300 frascos con orina falsa en apoyo a la demanda colectiva por parte del Sindicato de Trabajadores de Amazon en contra de la empresa por obligar a sus trabajadorxs a orinar en botellas durante sus jornadas laborales, y terminó con los testimonios y denuncias de Chris Smalls y Mary Hill proyectados en el penthouse de Bezos, horas antes de la Met Gala. “Si puedes comprar la Met Gala, puedes pagar más impuestos”, “No alfombra roja para los billonarios de Trump” y “La Met Gala de los Bezos traída para ti gracias a la explotación laboral” fueron los principales eslóganes de la campaña.

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Al día siguiente, la discusión se centró en la crítica a la existencia del evento y al hecho de que el dinero pueda comprar acceso, “gusto”, legitimidad cultural y poder a costa de los cuerpos de la clase trabajadora, de sus vidas y de sus medios de subsistencia. No faltaron las personas referentes en la discusión alrededor de la “moda transparente” que argumentaron desde una posición de superioridad moral, que llamar al boicot y señalar directamente a Jeff Bezos, era darle importancia y atención. Considero que la única forma de que no te importen los billonarios y que toleres su existencia, es gracias a que tu posición social te hace sentir más próxima a un sector privilegiado. Es fácil no darle importancia a los billonarios, como compartió que hace una persona con una amplia audiencia en redes sociales, cuando tu trabajo asalariado no se encuentra precarizado para incrementar la fortuna del dueño de la empresa para la que trabajas, o cuando esa fortuna no está financiando infraestructura para separarte de tu familia o destruyendo toda tu existencia con un genocido. Es egoísta pensar que a Mary, la trabajadora de 72 años que apareció en una de las proyecciones del boicot, no le importe Jeff Bezos. Es insensible manifestar una postura así, después de ver el dolor, la rabia y el coraje con que pronuncia su denuncia.

Pero en el resto de cosas que sí sucedieron porque personas accionaron más allá de lo performativo en redes sociales, Chris Smalls fundador del sindicato de Amazon, fue agredido por la policía y detenido por manifestarse afuera de la Met Gala; el alcalde de la ciudad Zohran Mamdani en concordancia con su gestión política de cobrar impuestos a los millonarios, rechazó la invitación al evento y en su lugar realizó una celebración pública a las personas que trabajan haciendo posible un evento tan glamuroso como ese. También tuvo lugar el “Baile sin Billonarios“, en el distrito “Meatpacking” de Manhattan, un evento de moda organizado por la clase trabajadora en respuesta y resistencia a la Met Gala.Trabajadoras y trabajadores de Amazon, Whole Foods, Washington Post, Starbucks y Uber desfilaron en una pasarela usando las creaciones de diseñadores migrantes bajo la temática “El trabajo es arte”. El evento estuvo centrado en mostrar la dignidad del cuerpo trabajador: cuerpos jóvenes y adultos, cuerpos cansados y lastimados, cuerpos enfermos y envejecidos por el trabajo asalariado precarizado. Cuerpos que siguen de pie con el apoyo de una comunidad que busca generar transformaciones. Este evento fue una demostración de cultura viva, no esa cultura de la ostentación y superficialidad que perpetúa la Met Gala.

Mary Hill desfilando en la pasarela del “Trabajo es arte”. Fotografía obtenida de April Verrett

April Verrett, presidenta de la Unión Internacional de Empleados de Servicios, declaró: nunca serán capaces de replicar nuestra brillantez, nuestra creatividad y nuestra resistencia. Este evento no es solo sobre la moda, es sobre el poder. Es sobre decir la verdad de las personas que cosen, cuidan, conducen, cocinan, limpian y vigilan, y aquellos que crean son los que hacen que todo sea posible. El trabajo es arte”.

La transmisión del “Baile sin billonarios” puede verse aquí.