Durante años, Meme del Real estuvo acostumbrado a formar parte de la fotografía, pero no necesariamente a ocuparla completa. Desde Café Tacvba construyó canciones, arreglos, atmósferas y momentos que terminaron formando parte de la memoria musical de varias generaciones. Ahora, su propio nombre ocupa el cartel.
El próximo 9 de octubre, Meme del Real regresará al Teatro Metropólitan de la CDMX, para presentar nuevamente su proyecto solista y el universo de La Montaña Encendida, su primer álbum de larga duración.
La presentación será especialmente significativa porque llega después del primer concierto que ofreció en el mismo recinto durante 2026. Esta nueva fecha nació a partir de la respuesta del público y convierte al Metropólitan en un espacio donde Meme continúa descubriendo qué significa estar al frente de un proyecto que lleva su propio nombre.

Meme del Real ha pasado buena parte de su trayectoria construyendo música desde distintos lugares: como integrante de Café Tacvba, compositor, productor, arreglista y colaborador de otros proyectos. Su influencia no siempre ha estado relacionada con ser la figura que ocupa el centro del escenario.
La Montaña Encendida cambia esa perspectiva.
El álbum le permite tomar materiales que surgieron desde una búsqueda personal y convertirlos en un proyecto donde sus propias canciones son el punto de partida. En entrevistas recientes, el músico ha contado que este proceso nació de canciones que fueron apareciendo mientras estaba en casa y que comenzaron a pedirle una aproximación diferente.
No se trata entonces de borrar a Café Tacvba de la ecuación. Se trata de escuchar qué había en Meme que todavía no habíamos escuchado de esta manera.
La Montaña Encendida no busca quedarse en un solo lugar
Una de las virtudes del álbum es precisamente su dificultad para instalarse en una sola etiqueta.
En La Montaña Encendida conviven diferentes referencias y formas de entender la canción, desde sonidos cercanos al folk y el rock hasta elementos de bachata, bolero, hip-hop y música electrónica. Esa amplitud tiene sentido cuando se observa la trayectoria de Meme: su carrera nunca ha estado demasiado interesada en respetar fronteras rígidas entre géneros.
El resultado es un disco que se siente más como un territorio que como una fórmula.
Y quizás por eso el nombre funciona tan bien. Una montaña implica movimiento, ascenso, perspectiva y también caminos que no necesariamente conducen al mismo sitio.
Meme ha adelantado que, aunque la esencia del espectáculo permanecerá, esta segunda visita al Metropólitan tendrá cambios y nuevos elementos respecto al concierto anterior. La intención es conservar la historia que construyó en febrero, pero darle otros contrastes para que la experiencia tenga una identidad propia.
Esto resulta particularmente interesante para quienes ya estuvieron en aquella primera presentación.
Porque si algo ha demostrado Meme durante su carrera es que una canción puede cambiar cuando se mueve de lugar, de formato o de compañía. Llevar nuevamente La Montaña Encendida al mismo escenario no significa necesariamente tocar la misma noche dos veces.
Hablar de Meme del Real sin mencionar a Café Tacvba sería imposible. Pero reducir esta etapa a una extensión de la banda tampoco alcanzaría para explicar lo que está sucediendo.
Su trayectoria dentro del grupo es uno de los pilares de la música mexicana contemporánea, pero su trabajo también ha cruzado hacia la producción, la composición y las colaboraciones con artistas como Natalia Lafourcade, Julieta Venegas, Austin TV, Los Tres y Los Bunkers, entre otros.
Lo interesante de su proyecto solista es que muchas de esas facetas dejan de funcionar como piezas secundarias y empiezan a convivir en primer plano.
El Teatro Metropólitan será nuevamente el punto de encuentro entre Meme del Real y un público que ya conoce su historia, pero que ahora tiene la oportunidad de conocer otra parte de ella.
La Montaña Encendida no parece plantearse como una ruptura con el pasado. Más bien funciona como una conversación con todo lo que Meme ha construido durante décadas.

Y quizá el atractivo de este concierto no esté solamente en descubrir qué canciones sonarán, sino en observar qué ocurre cuando uno de los músicos que durante años ayudó a darle forma a las canciones de otros decide finalmente poner su propia historia en el centro.
Esta vez, la montaña es de Meme.