La puesta en escena Autobiografía del algodón, basada en el libro de la escritora Cristina Rivera Garza, llegó al escenario del Centro Cultural Helénico como un ejercicio de memoria histórica, exploración documental y reflexión sobre el territorio. Bajo la dirección de Alberto Ontiveros y con adaptación dramatúrgica de Felipe Villarreal, la obra traslada a escena un texto híbrido que entrelaza investigación, archivo personal y narrativa histórica.
Conversamos con el director sobre el proceso de adaptación, el trabajo colaborativo con su compañía Gorguz Teatro y los retos de presentar este montaje en el Centro Cultural Helénico.
¿Cómo nace la idea de llevar Autobiografía del algodón al teatro?
El interés surgió en 2020. Desde hace muchos años me ha interesado hablar de Estación Camarón, en Nuevo León, una localidad que fue próspera gracias a la cosecha de algodón y que desapareció tras una inundación y posteriormente una sequía. Cuando descubrí que Cristina Rivera Garza escribía sobre este episodio —porque sus abuelos paternos vivieron ahí— entendí que había una conexión natural.
Me acerqué a ella para solicitar la autorización para adaptar el libro y fue sumamente generosa. Aceptó y encargamos la adaptación a Felipe Villarreal, quien trabajó durante aproximadamente un año en una primera versión. Posteriormente, ya en ensayos, hicimos ajustes desde la puesta en escena. El montaje pasó por tres etapas claras: la autorización, la adaptación y el trabajo escénico colectivo.

El libro es un texto híbrido, con investigación histórica, archivos y registros documentales. ¿Cómo se traduce esa estructura narrativa al lenguaje escénico?
No es la primera vez que trabajamos con literatura llevada a escena. Hemos adaptado textos de autores como David Toscana y Diego Enrique Osorno. En este caso, lo interesante es que el libro no es una novela convencional: mezcla investigación, no ficción, archivo histórico, telegramas y registros diversos.
Esa hibridez, lejos de ser un obstáculo, nos dio libertad creativa. Nos permitió construir un discurso escénico que dialoga con lo documental, con lo histórico y con lo performativo. Es un texto complejo, de más de 300 páginas, pero esa complejidad se convirtió en un campo de juego teatral.
¿Cuál fue la participación de Cristina Rivera Garza durante el proceso de montaje?
Tuvimos un par de reuniones con ella. Leyó la adaptación y la autorizó, pero nos dio total libertad para desarrollar la dramaturgia y la puesta en escena. Ha sido muy generosa. Aún no ha visto el montaje, pero esperamos que pueda hacerlo próximamente.
Gorguz Teatro cumple 20 años. ¿Cómo definirías la línea de trabajo de la compañía?
A lo largo de dos décadas hemos desarrollado una forma de entender la escena que llamamos “aridoestética”. Es una manera de dialogar con nuestro contexto desde lo industrial, lo histórico y lo no histórico; desde el biodrama, la geografía y la antropología.
Cuando leímos Autobiografía del algodón, sentimos que dialogaba directamente con nuestra línea de trabajo. Además, existe una conexión territorial: somos de Nuevo León, y la historia ocurre ahí. Eso también influyó en que se nos otorgaran los derechos.
Trabajamos desde la horizontalidad. Es un proceso complejo, pero contamos con un equipo sólido de dramaturgos, productores, diseñadores, dirección corporal y musical. Es un trabajo continuo: cada función implica ajustes, precisión y revisión constante.

¿Qué significó presentar la obra en el Centro Cultural Helénico, en la Ciudad de México?
Durante años se habló de un “teatro de frontera” como algo distante del centro del país. Hoy esa distancia es distinta. La circulación de libros, las redes y los intercambios han cambiado esa percepción.
La respuesta del público en el Helénico fue muy emocionante. La sala estuvo prácticamente llena en función de prensa y la reacción fue contundente. Además, realizamos encuestas y los comentarios del público nos dieron una guía clara de hacia dónde va nuestro trabajo.
Después de esta temporada regresamos al norte del país, a Saltillo, y posteriormente a la Universidad de Texas. Más adelante estaremos en Mérida. Nos interesa observar cómo dialoga la obra en distintos territorios.
Para quienes aún no han visto la obra, ¿qué experiencia pueden esperar?
Es una obra que habla de la memoria, tanto personal como nacional. Aborda los desplazamientos forzados desde inicios del siglo XX y reconstruye la historia de los ancestros de la protagonista.
La narración incluye la figura de un joven José Revueltas enviado por el Partido Comunista a investigar una huelga de miles de trabajadores en el norte de Nuevo León. La obra reflexiona sobre cómo se construyen las redes familiares, políticas e históricas que nos conforman.
Es una experiencia escénica que dialoga con la memoria histórica y con la memoria íntima; con lo que se registra oficialmente y con lo que permanece en los archivos personales.

Autobiografía del algodón continúa su recorrido por distintas ciudades, consolidándose como una propuesta que entrelaza literatura, territorio y escena desde una mirada profundamente contemporánea.