Entrevista: Gilberto Dávalos en “Los Hardings”

Basada en un hecho real ocurrido en Canadá, Los Harding es una obra que explora las múltiples capas de la responsabilidad tras una tragedia. A partir del descarrilamiento de un tren cargado de petróleo, la historia pone en el centro una pregunta incómoda: ¿quién es realmente el culpable cuando ocurre un desastre?

Con una estructura narrativa intensa y profundamente reflexiva, el montaje conecta con realidades que trascienden fronteras y dialogan directamente con el contexto actual. En entrevista, Gilberto Dávalos comparte el proceso detrás del proyecto, los retos personales que enfrentó y la importancia del teatro como espacio de conciencia colectiva.

Para comenzar, ¿qué significa para ti formar parte de Los Harding en esta nueva temporada?

Significa muchísimo. Este proyecto comenzó hace ya dos años y desde la primera lectura sentí que era una historia que debía contarse. Aunque el hecho ocurrió en Canadá, el tema es universal. Estamos viviendo tiempos muy complejos en el mundo, momentos donde constantemente vemos tragedias, conflictos y decisiones que afectan a miles de personas.

Creo que todos tenemos una responsabilidad frente a lo que sucede: podemos quedarnos callados o podemos actuar, cuestionar, alzar la voz. Ser parte de Los Harding es asumir también esa postura desde el escenario, compartir con el público una historia que incomoda, que cuestiona y que nos obliga a reflexionar sobre nuestro papel en la sociedad.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al texto y qué fue lo que más te impactó?

Me impactó profundamente el personaje que interpreto: el conductor del tren. Es quien carga con el peso inmediato de la tragedia. Se convierte en el señalado, en el responsable directo, aunque la obra va revelando que la culpa es mucho más compleja y estructural.

Lo que más me movió fue esa facilidad con la que señalamos a alguien como chivo expiatorio. Es algo que vemos constantemente: ante una tragedia se necesita un culpable inmediato, una cara visible sobre la cual depositar la rabia colectiva. Pero la pregunta es: ¿qué responsabilidad tienen los superiores?, ¿qué responsabilidad tiene el sistema?, ¿qué responsabilidad tenemos nosotros al callar?

La obra abre ese debate y eso fue lo que más me atrapó desde el inicio.

Por: Mariano Zapata

Al tratarse de un hecho real, ¿hubo una preparación especial para abordarlo?

Sí, definitivamente. Trabajamos investigación junto con la directora. Analizamos lo que ocurrió en Megantic, el contexto ferroviario, los tipos de vagones, las condiciones técnicas del tren. Pero más allá de lo técnico, también construimos la vida de cada personaje: su historia personal, sus relaciones, sus miedos.

En mi caso, tuve que preguntarme quién era este conductor más allá del accidente: ¿tenía familia?, ¿qué decisiones había tomado antes?, ¿cómo vivía su día a día? Todo eso ayuda a darle humanidad al personaje.

Emocionalmente es un reto constante. No es sencillo entrar a un personaje que vive una tragedia de esa magnitud y que además carga con la culpa pública.

¿Crees que el público mexicano encontrará paralelismos con nuestra realidad?

Absolutamente. Basta recordar tragedias que han ocurrido en el país derivadas de negligencias, omisiones o presiones laborales. La obra dialoga directamente con eso.

Pero más allá de casos específicos, habla de algo más profundo: la responsabilidad colectiva. ¿Qué hacemos frente a lo que está ocurriendo en el país y en el mundo? ¿Nos limitamos a observar desde redes sociales o asumimos una postura?

La historia conecta porque no habla solo de un accidente ferroviario; habla de cómo funcionan las estructuras de poder y de cómo todos, de alguna forma, estamos dentro de ellas.

¿Qué retos implicó para ti este montaje?

Ha sido uno de los proyectos más exigentes de mi carrera. El proceso fue complejo por tiempos y agendas; trabajamos prácticamente contra reloj antes del estreno. Hubo momentos de mucha presión y, en lo personal, atravesé una crisis fuerte pensando que no lograría estar listo.

Pero también fue un proceso de crecimiento. Trabajar con la directora y con mis compañeros me permitió salir adelante. Cuando finalmente estrenamos y vimos la reacción del público y la crítica, entendí que todo el esfuerzo había valido la pena.

¿Cómo ha sido trabajar bajo la dirección de Sandra Félix?

Para mí es muy especial. Cuando llegué a la Ciudad de México hace 17 años, mi primer proyecto fue con Sandra Félix. De alguna manera fue mi madrina teatral aquí.

Es una directora muy cercana al actor, muy sensible. No impone, sino que acompaña. Te invita a explorar, a cuestionarte, a encontrar desde tu interior la verdad del personaje. Esa confianza hace que el proceso sea profundo y honesto.

Por: Mariano Zapata

En el contexto actual, ¿qué aporta el teatro que otros medios no pueden ofrecer?

El teatro es presencia. Es un acto colectivo y vivo. Nos obliga a detenernos y a mirar de frente una historia, sin posibilidad de pausar o distraernos.

El arte en general nos sensibiliza, pero el teatro tiene esa fuerza de lo inmediato, de lo compartido. Nos espejea. Nos hace cuestionarnos. Por eso creo que la cultura debería ser una prioridad.

Vivimos en una era donde la tecnología nos ofrece inmediatez constante, pero el teatro nos exige tiempo, atención y empatía. Y eso es profundamente necesario.

Para cerrar, ¿qué esperas que el público se lleve de la función?

Espero que salgan cuestionándose. Que se pregunten cuál es su responsabilidad ante lo que ocurre en su entorno. Que entiendan que nadie está exento de verse involucrado en situaciones que lo confronten.

Los Harding cuenta la historia de tres hombres con el mismo nombre, unidos por una tragedia que los atraviesa de maneras distintas. Es una obra hecha con compromiso y amor por el teatro, que invita a reflexionar sobre nuestra postura frente al mundo.

Si el público sale pensando, conversando, incomodándose incluso, entonces la obra habrá cumplido su propósito.

La obra tendra una temporada de viernes a domingo, del 13 de marzo al 12 de abril del 2026, en el Foro La Gruta del Centro Cultural Helénico.

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