Una aventura poética que transforma infancias y adultos
Acompaña a José Trinidad Moyótl, un intrépido pequeño de ocho años, en una aventura poética y emocional que lo llevará a confrontar su profundo temor a ser excluido en Trino, en búsqueda de su poder interior, una obra escrita por Paulina Soto Oliver y dirigida por Alberto Lomnitz.
En entrevista con Paulina Soto Oliver, dramaturga, actriz y productora de la puesta en escena, conversamos sobre los orígenes íntimos de esta historia, su proceso creativo y la forma en que Trino ha logrado conmover tanto a las infancias como a los adultos.
Vuelves a los escenarios, ahora al Teatro Helénico, con una nueva temporada. ¿Qué significa para ti ver cómo este proyecto sigue creciendo y conectando con un público tan diverso?
Es mi sueño hecho realidad. Estoy pudiendo materializar mi objetivo de vida, mi objetivo como artista, como mujer y como ser humano. Para mí, el teatro es una herramienta de conexión y de transformación, y Trino me ha permitido ser testigo de cómo esa conexión se da en cada función. Poder observar cómo la historia de un niño que teme ser rechazado llega a públicos tan distintos —desde bebés de nueve meses hasta adultos mayores de 85 años— me conmueve profundamente. Me genera un profundo agradecimiento hacia todas las personas que nos han acompañado y también un impulso renovado para seguir creando. El teatro tiene un poder vital de transformación, y cada espectador que se deja tocar por la historia de Trino me confirma que estoy en el camino correcto.
La obra surge de tu linaje familiar e integra elementos personales. ¿Qué te inspiró a llevar esta experiencia íntima al terreno teatral y compartirla sobre todo con las audiencias infantiles?
La inspiración viene de una necesidad muy personal: mi propio deseo de sentirme amada y aceptada. En mi vida he experimentado heridas vinculadas al rechazo y al abandono, y descubrí que hablar de ellas y compartirlas en escena era una manera de sanarlas. A través de Trino, invito a los demás a recorrer ese mismo camino: el viaje del héroe que todos hacemos para enfrentar nuestro dolor y liberarlo. Me parece importante compartir esta historia con las infancias porque, aunque los niños son los protagonistas visibles de la audiencia, también hay un niño interior en cada adulto que se conecta con estos temas. Al final, Trino no habla solo para los pequeños, sino para esa parte vulnerable que todos llevamos dentro. Contar la historia desde ahí se convierte para mí en una misión de vida.

Uno de los ejes de la obra es cómo un niño transforma las cicatrices del rechazo en valentía. ¿Cómo fue ese proceso creativo para ti?
Desde el inicio fue un acto de valentía. Aunque he estudiado dramaturgia como parte de mi formación como actriz, no me considero una dramaturga con una trayectoria extensa. Aun así decidí escribir esta obra y confiar en mi voz. Vencer esa inseguridad fue ya un primer paso valiente. Más adelante vino otro reto: aceptar que Trino se contaría a través de un lenguaje híbrido que incluía títeres, proyecciones y música en vivo. Yo no era experta en manipulación de objetos y eso me intimidaba. Llegué a dudar si debía ceder ese rol a alguien más. Pero decidí confiar en mi entrenamiento como actriz y en la capacidad de desarrollar nuevas habilidades. Trabajar con Alberto Lomnitz, con artesanos como Humberto Galicia —quien dio vida en madera al títere de Trino— y con un equipo tan talentoso me permitió superar los miedos. Fue un proceso de confiar, soltar y volver a levantarme cada vez que la inseguridad aparecía. Esa perseverancia es la misma que vive Trino en su historia y, de alguna manera, la he encarnado yo también en mi proceso creativo.
La puesta en escena combina títeres, música en vivo, proyecciones y un lenguaje poético. ¿Por qué elegir este formato híbrido para contar esta historia?
Porque queríamos que los niños descubrieran otras formas de contar historias que no fueran exclusivamente las pantallas. Los títeres de sombra, por ejemplo, son una técnica ancestral que viene del oriente y que me fascinaba desde niña, cuando jugaba con las sombras de mis manos en los apagones de la Ciudad de México. Con Alberto tuvimos el anhelo de rescatar esas técnicas para que los pequeños pudieran conocerlas y experimentarlas en vivo. Por eso decidimos crear una puesta en escena donde los personajes cruzan de la pantalla al escenario, se convierten en títeres o en proyecciones. El resultado es un banquete sensorial que mantiene atentos a bebés, niños y adultos por igual. Era importante para nosotros demostrar que los lenguajes escénicos tradicionales siguen teniendo un poder enorme para conmover, y al mismo tiempo dialogar con los códigos visuales que hoy dominan la vida de los niños.
A lo largo de sus temporadas, Trino ha sido reconocida por no tratar a las infancias como espectadores pasivos, sino como seres sensibles e inteligentes. ¿Qué aprendizaje te ha dejado ese encuentro directo con el público infantil?
Yo nunca he creído que los niños necesiten que se les hable de manera simplificada o que debamos ocultarles temas difíciles como el duelo, la pérdida o el dolor. Por eso no me sorprendió que conectaran con la obra, porque sabía que lo harían. Lo que sí me ha sorprendido y conmovido profundamente es la reacción de los adultos. Muchos se me han acercado después de las funciones, con lágrimas en los ojos, agradeciéndome por haber tocado fibras que ellos mismos cargaban desde la infancia. Trino tiene varios niveles de lectura: uno pensado para los pequeños y otro que resuena en los adultos. Esa doble conexión ha sido uno de los mayores aprendizajes. Confirmé que el teatro, cuando habla desde la verdad, trasciende edades y toca a cualquiera que esté dispuesto a escuchar.

En esta obra trabajas como autora, actriz y productora. ¿Cómo equilibras estas tres facetas y qué retos y satisfacciones te ha dejado?
Es un viaje complejo pero profundamente enriquecedor. Como actriz, estar acompañada de un equipo de creativos que admiro profundamente es un privilegio. Como dramaturga, el mayor reto fue aprender a soltar el control durante los ensayos y confiar en la visión de Alberto. Hubo momentos en los que quise intervenir más, pero me recordé que no era mi lugar y que debía confiar en el proceso colectivo. Y como productora, junto a mi socio Omar Saavedra, ha sido un aprendizaje inmenso: hemos construido este proyecto prácticamente desde cero, buscando financiamiento independiente, tocando puertas y sosteniendo la temporada con mucho esfuerzo. Equilibrar las tres facetas es agotador, porque no termina cuando salgo de escena: muchas veces después de ensayar me tocaba seguir resolviendo problemas de producción. Sin embargo, ese triple rol le da al proyecto una energía vital, porque lo nutro desde varios frentes. Creo que si no hubiera estado involucrada en los tres niveles, quizá Trino no tendría la fuerza que hoy tiene.
Si pudieras resumir en una frase lo que el público debería llevarse después de ver Trino, ¿cuál sería?.
Que la compasión y el amor por uno mismo y por los demás son las puertas de la felicidad. Ese es el mensaje que espero se quede en el corazón de cada espectador, sin importar su edad.

Trino, en búsqueda de su poder interior se presenta del 6 de septiembre al 19 de octubre de 2025, en el Teatro Helénico. Funciones sábados y domingos a la 1:00 pm. Boletos disponibles en taquilla y en línea.