Apuntes para una contranarrativa sobre la kufiyyah

Por: Estefania Córdova

Desde hace mucho tiempo quiero una kufiyyah, un pañuelo que ha adquirido un significado sumamente político. La kufiyyah se ha convertido en el símbolo de la resistencia y la revolución palestina. Las personas y sus historias convierten a los objetos, a la ropa particularmente, en símbolos que trascienden sus usos prácticos. Los simbolismos también traspasan fronteras y la kufiyyah se ha convertido en un objeto que representa a nivel internacional la solidaridad por la liberación palestina y a nivel mucho más profundo las luchas colectivas contra el capitalismo, el colonialismo y el imperialismo. Pero hay que tener cuidado con las líneas difusas de la moda, porque éstas sirven al sistema y en la libertad que nos otorgan para expresarnos a través de nuestra ropa y apariencia física también nos limitan y condicionan para relacionarnos con los objetos de formas que sean beneficiosas para el mantenimiento del orden establecido.
Lo anterior es parte de lo que denuncia Salma Mousa en su texto “Scarf first, politics later: Has the Keffiyeh become more fashion than function?”. Realiza una observación demasiado justa: hay personas que no viven el conflicto en sus vidas diarias y recurren a comprar una mercancía barata que se vende como kufiyyah para asumir una imagen de rebeldía. La moda occidental convierte a los objetos en mercancías. Pero la mercancía despolitiza, borra contenido y significados. Con una mercancía no se acciona y no se exigen cambios porque su valor no está en su uso, está en el dinero que se obtiene de su venta. Lo más que puede llegar a hacer es calmar culpas y sosegar sentimientos individuales, pero después de eso las mercancías baratas de nuestra época se convierten en desechables. “Nos vestimos para la revolución sin tener a dónde ir”. Y eso termina siendo apropiación cultural, porque se borra el contexto que hace ser a los objetos lo que son. Salma señala que los palestinos que hoy están siendo asesinados por las fuerzas israelíes no usan kufiyyah, usan playeras ”fakes” de marcas de lujo.

Después de leer el artículo de Salma me quedé reflexionando sobre el origen de mi deseo. Sus palabras son duras porque la situación actual de Palestina lo es y requiere de acciones urgentes que sean directas, que tengan un efecto tangible para las vidas de las y los palestinos. En octubre se cumplirán dos años del genocidio de Israel contra Palestina y de una forma que aún me parece inexcusable hemos sido testigos y espectadores del sufrimiento de las personas palestinas, hay pruebas de cada una de las violencias que Israel está cometiendo con total impunidad. Ahora mismo está llevando al límite la situación con el uso de la hambruna como arma de guerra, el bloqueo de ayuda humanitaria y las detenciones a las flotillas de la libertad que están intentando romper el asedio a Gaza.

Frente a estas circunstancias quienes estamos a miles de kilómetros hemos encontrado pocas maneras de accionar: ir a marchas y eventos a favor de la liberación de Palestina, exigir a nuestros gobiernos y representantes la ruptura de relaciones con Israel, la donación a organizaciones que están recaudando fondos y ayuda directa para los Territorios Ocupados por Israel, informarnos y/o portar una bandera o usar una kufiyyah como muestra pública de solidaridad.

En los años 2000 se vio una mercantilización evidente de la kufiyyah. Aquí llegamos a conocerla como “palestina”, se vendía con distintos estampados y colores. Fue tanta su mercantilización que en 2010 Shadia Mansour lanza una canción llamada “El Kofeyye Arabeyye”. Actualmente la kufiyyah sigue siendo usada como mercancía pero considero que no igual de masificada que como en esos años. Su existencia como objeto político le precede, así muchas personas con conocimiento de lo que representa deciden usarla como mera forma de expresión personal y motivadas por la estética, sin un posicionamiento político buscan reproducir los valores estéticos que el mercado les vende como contracultura.

En el capítulo 17 de la temporada 4 de la serie de televisión Sex in the city (2001) se puede ver a la protagonista utilizando una kufiyyah como top.

Pero considero que discutir ahora mismo sobre si la moda hace o no apropiación cultural es una conversación que distrae de lo que está sucediendo. Condenar a la moda de apropiación cultural es el reclamo que espera porque si no lo hiciera no sería útil al sistema capitalista. No es una denuncia que no espere, quizá sabe que con esta acusación puede seguir encubriendo el despojo y la violencia que sostienen al sistema, porque la resistencia palestina no es que “esté de moda”, es que la lucha por la vida sigue siendo indispensable para los hombres y mujeres palestinas. Aclaro que estas son apenas unas ideas que buscan algo más provocador: la construcción colectiva de una contranarrativa sobre la kufiyyah.

Sirin Adlbi Sibai explica en “La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial” como ideológica y epistemológicamente se impone quién, cómo y desde dónde se tiene validez para hablar, ser, estar y saber en el mundo. Este derecho se lo ha concedido lo que nombramos como modernidad occidental y la moda es una de sus instituciones, reproduciendo una visión eurocéntrica y colonialista del mundo. Nos limitan a entender la realidad a través de binarismos que se oponen entre sí. Occidente ve al resto del mundo como lo Otro, algo por lo que solo se puede sentir miedo o curiosidad pero que en última instancia no existe en humanidad por eso se puede dominar y poseer. En oposición todo lo caracterizado como occidental es superior. “Se trata de discursos binarios que crean instrumentos para observar la realidad, que se convierten en una forma de construir realidades y de controlarlas; que delimitan el campo de las posibilidades de comprensión de la realidad pero también limitan la imaginación y las posibilidades de enunciación plural y heterogénea” (Adlbi Sibai, S., p. 21). La moda coloca en los objetos estas concepciones ideológicas para la existencia de una justificación material de la dominación y de la resolución violenta de los conflictos que genera. La kufiyyah desde la concepción occidental puede representar dependiendo de quién la use rebeldía o terrorismo, y este binarismo es beneficioso para que Israel puede sostener el genocidio contra Palestina.

En ese sentido el feminismo islámico decolonial nos propone pensar más allá de esta imposición ideológica, quizá así encontremos respuestas que nos permitan accionar de forma más directa. El mundo no es negro o blanco, hay matices y hay grises. Hay que ocupar esos espacios y esas fisuras para construir otras formas de contarnos nuestras historias, permitiendo que un objeto cargado de tanto simbolismo e historia como la kufiyyah sirva como herramienta política dentro de la moda y en el cotidiano.

Podemos empezar reflexionando como la colonialidad del poder ha afectado la forma en que pensamos sobre la kufiyyah. Nos enseñaron a nombrarla desde el miedo a lo desconocido y desde la exotización. Ese pedazo de tela tan extraño pero que surgió como todos los objetos que han servido para proteger al cuerpo humano: por una necesidad. Materialmente no es distinta a otras bufandas o pañuelos, tiene el mismo fin práctico cubrirse del sol, el frío y la arena. Pero ahí están los significados que el sistema de dominación impone a los objetos que considera ajenos. Este cuestionamiento lo tomo de la diseñadora Hana Tajima, aunque ella se refiere al hijab o velo islámico, otro objeto que desde Occidente se mira de forma controversial y que está marcado además de las mismas etiquetas de exotización y orientalismo por muchas más cuestiones religiosas y de género.

Significado de los patrones de la kufiyyah

La kufiyyah es un pañuelo de algodón, tradicionalmente blanco con negro o rojo, que utilizaban los campesinos para protegerse de las temperaturas extremas y el ambiente desértico en el suroeste de Asia. En Palestina empieza a utilizarse con un fin político durante el Mandato Británico (1920-1948), el pañuelo hacía fácilmente identificables a los campesinos quienes fueron los primeros en rebelarse contra la ocupación, por lo que la resistencia palestina decidió que todos los hombres la usaran para camuflajear a los rebeldes, el objeto comienza así a convertirse en un símbolo de nacionalismo y resistencia. Después de la creación ilegítima del Estado de Israel (1947), el inicio de la Nakba o el éxodo palestino (1948) y el sostenimiento a la destrucción de las formas de vida en Palestina por parte de la potencia ocupante, surge la Organización de Liberación Palestina lidereada por Yasser Arafat, quien utiliza la kufiyyah como parte de su presentación en el espacio público internacional reforzando la idea de objeto de resistencia. La kufiyyah se convierte en el objeto para vestir las luchas de izquierda, principalmente las anticapitalistas y antiimperialistas. Con el paso del tiempo los patrones estampados de la kufiyyah fueron adquiriendo un profundo significado para la cultura palestina.

Leila Khaled

La moda crea espacios para la discusión a partir de los juicios que permite hacer. Partiendo de la forma en que se viste la resistencia palestina, con la kufiyyah como elemento en común, la moda trabaja para la reproducción de ideas y valores que han convertido el genocidio contra Palestina en un conflicto étnico y religioso. Se mira con sospechas al pañuelo, se le tiñe de una connotación exclusivamente étnica y se crea a partir de éste una idea de “masculinidad árabe”, por eso es tan disruptiva la imagen de Leila Khaled, ella formaba parte de una facción de la resistencia mucho más contestataria el Frente Popular para la Liberación de Palestina y es la prueba visual de la participación de las mujeres en la resistencia. En “El cielo está incompleto. Cuadernos de viaje en Palestina”, Gardi (Irmgard Emmelhainz) señala que los fedayines, combatientes nacionalistas palestinos, han sido idealizados desde el orientalismo. A partir de su apariencia física, con el uso de la kufiyyah y de armas, Occidente ha construido una idea de masculinidad binaria problemática, los hombres palestinos son terroristas o idealizaciones heroicas, negándoles humanidad y el derecho a la autodeterminación. Estas representaciones hacen creer que la única vía de salida es la violencia (pp. 51-52).

La moda es un filtro que blanquea lo que es incómodo para el sistema dejando el potencial mercantilizable de los objetos. Y celebra o señala dependiendo de quién lo usa: que una modelo blanca utilice un vestido con estampado de kufiyyah es aceptable, pero es mal visto que un estudiante racializado utilice una kufiyyah durante una protesta a favor de la liberación de Palestina. Nuestra ropa refleja nuestras experiencias cotidianas y en ese sentido el cómo y desde dónde habitamos el mundo. A través de lo qué decidimos vestir podemos hacer un uso político de nuestros privilegios. Se puede usar una kufiyyah siendo consciente del lugar que ocupas en el mundo. En las circunstancias actuales el privilegio es visible desde el momento en que una persona que no es de Palestina puede ponerse y quitarse la kufiyyah sin que su vida, su historia y su cultura corran riesgos. Mientras que las y los palestinos viven con una amenaza constante a su seguridad y existencia independientemente de que usen la kufiyyah o no, dentro o fuera de su territorio, siguen siendo señalados por sus opresores como amenazas o terroristas.

La modelo Bella Hadid utilizando un vestido del 2001 del diseñador Michael & Hushi

Gardi hace una observación que considero tiene mucha potencia creativa para pensar cómo accionar nuestras resistencias. Desde hace unos años la tendencia internacional de solidaridad está basada en la protección a los derechos humanos, con activistas que acuden a los territorios en conflictos como testigos e incluso “escudos humanos”. Si bien es cierto que durante su intervención realizan ciertas acciones directas que repercuten en la cotidianidad de las personas, se centran en documentar y registrar las violaciones a derechos humanos, como si informar equivaliera a actuar. “Esta forma de solidaridad carece de la posibilidad de hacer un puente con la expresión sensible de lo común para establecer formas de política trasnacionales y durables” (Emmelhainz I., p. 124). Superar el complejo de salvador blanco impuesto por Occidente nos permitiría convertir la emoción en acción. Empezando por entender qué tan conectados estamos al sufrimientos de las demás personas, en el sentido de que nuestros privilegios son posibles gracias al sufrimiento de otros/as. Esta consciencia nos permitiría ver como los mecanismos de dominación se conectan y sustentan unos a otros alrededor del mundo, haciendo visible que las resistencias y las luchas por la vida también están conectadas.

Así se comienza a rastrear de qué modo la industria de la moda está sosteniendo los despojos capitalistas. Hace poco se incluyó en la lista de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) a la marca de moda rápida Zara por su relación comercial con Israel, que tiene planeado abrir este año en Tel Aviv su tienda más grande hasta el momento (4,500 m2), a raíz de este anuncio se han evidenciado más nexos entre estos dos. La iniciativa de BDS es dejar de consumir la ropa barata de esta marca. Por su parte, Atmos publicó a inicios de año un reportaje que hace un esfuerzo por rastrear la cadena de suministro que está confeccionando la ropa y accesorios militares para el Ejército de Defensa Israeli, que lleva por título “New report sheds light on global involvement in outfitting Israel’s military”. Saber quiénes son los dueños de las fábricas y las marcas que manufacturan ahí puede permitir realizar otras acciones directas. Además es revelador porque muchas de las trabajadoras textiles alrededor del mundo han demostrado su apoyo al pueblo palestino.

Por último, Hirbawi Textile Factory es la única fábrica que sigue produciendo de manera tradicional la kufiyyah dentro de Palestina, pero dado el estado de sitio y la demanda hay una lista de espera para poder comprar. Mientras tanto se puede destinar ese dinero a organizaciones como The Sanabel Team o Freedom Flotilla, así como buscar iniciativas de recaudación de fondos en tu comunidad.