Cuando el escenario del Corona Capital se encienda en la Ciudad de México, uno de los momentos más esperados será la aparición de Franz Ferdinand. Más de dos décadas después de su debut, la banda escocesa vuelve para demostrar que no solo conserva su energía inicial, sino que ha logrado transformarla en algo aún más relevante, más urbano y más vital.
Formados en Glasgow en 2002, Franz Ferdinand irrumpió en la escena con “Take Me Out”, un himno que hizo bailar tanto al público indie como al de masas. A partir de ahí forjaron un estilo propio: guitarras angulosas, síncopas para saltar, letras que juegan entre lo cerebral y lo visceral. Ese cóctel les permitió ganar prestigio, incluyendo un Mercury Prize por su álbum debut.
Ahora, su presencia en el Corona Capital 2025 representa algo más que nostalgia: es un puente entre el indie clásico de principios de los 2000 y una realidad musical que sigue viva y cambiando. Con el álbum “The Human Fear” lanzado en 2025, muestran que no se conforman con reproducir su pasado, sino que buscan renovarse. En el contexto de un festival que mezcla generaciones, Franz Ferdinand se posiciona como enlace perfecto: quienes los vieron en su ascenso y quienes los descubren ahora, ambos tienen algo que recibir.
La noche de su presentación está pensada para ser eléctrica. Imagina cuerpos enérgicos coreando sus riffs, luces que atraviesan la pista, una banda que ya entiende qué los hace únicos y ahora juega con esa idea. Según declaraciones recientes, el grupo exploró conscientemente su esencia para este nuevo ciclo: “sabíamos qué nos hacía buenos, y ya no nos anda pretendiendo algo que no somos”, dijeron.
NME
Para el público mexicano, que ha vivido la efervescencia de los festivales internacionales y guarda sus himnos en la memoria, Franz Ferdinand representa tanto un recuerdo como una promesa. Un show que no se trata solo de cantar “Take Me Out”, sino de sentir que la música puede unir lo inteligente y lo instintivo, lo bailable y lo reflexivo.
Cuando el día llegue, y las luces bajen en el Autódromo Hermanos Rodríguez, en la Ciudad de México, la banda tomará el escenario. Y entonces, en esa fusión de guitarras y movimiento, sabremos que Franz Ferdinand no solo estuvo allí: volvió para demostrar que sigue importando. Porque bailar no es solo saltar: también es pensar —y en ese ritmo reside su fuerza.
