LQSA, el musical: lo que queremos decir, y cómo lo decimos

Por: Jorge Rodríguez

Cada que un proyecto teatral se anuncia como el “nuevo musical mexicano”, el gremio presta atención. Por supuesto, todos queremos ver cuál será el siguiente Mentiras o Siete Veces Adiós. Sin embargo, la cartelera mexicana ha estado históricamente plagada de intentos fallidos, que se terminan diluyendo en su afán de copiar estos modelos sin antes establecer su propia identidad. Con mayor razón, se agradece cuando un montaje se atreve a abrazar el medio del teatro musical para contar su propia historia, sin seguir patrones ni fórmulas. Y es desde aquí que yo comienzo a hablar de esta obra, aplaudiendo, antes que todo, la intención de su equipo de plasmar una mirada única y refrescante.

LQSA – o Lo que sabemos, de lo que no sabemos, del amor, creado por Chino Sánchez y Ana Cecilia Azuela – es la historia de tres jóvenes que navegan las inciertas aguas del mundo contemporáneo en busca de una conexión real. Julia y Emilio han estado juntos durante bastantes años, aunque su amor en realidad parece más frágil que nunca. Un día, en uno de sus slams de poesía, Julia conoce a Alicia, quien es además jefa editorial y ex pareja de Emilio. Por su parte, él recibe a su nuevo asistente, José, y descubre en él una nueva chispa que podría despertar algo que jamás había sentido. Asistiendo recurrentemente a la mezcalería de Angie para ahogar sus penas y confesar sus miedos y anhelos, ellos irán explorando los límites del amor y la sexualidad hasta sumergirse en una relación poliamorosa que será igualmente difícil de explicar que de vivir. Este musical mexicano es una síntesis de lo difícil que es enamorarse hoy en día, y nos hace cuestionar si en verdad sabemos lo que significa amar. Pero, sobre todo, LQSA es una historia que nos invita a amar con locura, aún en el confuso e incoherente presente; entregándonos por completo, pero sin olvidar

El primer gran acierto de este work-in-progress es su composición musical. Con producción y letras de José Ignacio Martínez y Joey Benjamín, LQSA mantiene un estilo que resulta muy teatral, y que al mismo es distinto a todo lo que hemos visto antes en nuestra cartelera. Combinando ritmos urbanos con pop/rock alternativo y regional mexicano, este es un musical que tiene una identidad sonora rica y clara, y que definitivamente remite al gusto musical de una generación joven en nuestro país. Aunado a esto, el trabajo de dirección musical es destacable, orquestando las voces de su elenco con destreza – particularmente en los números de ensamble, como Apretujao y Todo tiene su razón – y creando momentos de hermosa armonía, literalmente. Incluso a pesar de los retos técnicos con los micrófonos – los cuales, en mi opinión, bien se podrían omitir – este es un musical que verdaderamente luce por la calidad de su música. Sin temor a exagerar, este musical tiene el potencial de convertirse en nuestra propia versión de Spring Awakening o Sing Street, pero absolutamente mexicano.

Dicho lo anterior, me apena decir que el montaje en general carece de esa identidad tan tangible que sus canciones sí poseen. La dirección de Arturo Galicia, a veces meramente resolutiva y otras francamente inconsistente, genera convenciones que se rompen tan solo un par de escenas después, construyendo un lenguaje escénico impreciso. Esto, por supuesto, permea al diseño de producción, que aún a pesar de los pocos recursos denota una falta de claridad en su conceptualización. Se recurre al uso de algunas sillas plegables que, si bien son prácticas, llegan incluso a estorbar durante algunas escenas; entorpeciendo el trazo y diseñando cuadros cuya composición no termina de funcionar para el dispositivo de 360º. La escenografía e iluminación de Humberto Velasco Algraves cumple, aunque no resalta. Y así, la identidad estética tan colorida del diseño gráfico – que ya nos anticipaba a una presencia mucho más notoria de la cultura mexicana – termina por quedarse solo en el papel, con sus contadas excepciones.

El diseño de vestuario de Chino Sánchez es probablemente el elemento más propositivo de toda la producción; jugando con texturas como la mezclilla y los bordados, y utilizando la colorimetría para acompañar el desarrollo de la historia y de sus personajes. Llama la atención el uso del color blanco que uniforma al elenco en el inicio del primer acto, y que para el segundo se convierte en capas de negro, que enfatizan el hecho trágico que sacude a los protagonistas. También es bello notar cómo comienzan a integrarse los pequeños salpicones de color en cada personaje hasta darles su propia paleta identificable para el final de la obra. Aunque quizás no es tan claro el significado de las prendas y los tonos que se utilizan, el vestuario sin duda aporta a una propuesta visual que el resto de los elementos del montaje no se ocupan en sostener.

También quisiera reconocer el trabajo de coreografía de Ana Cecilia Azuela, quien crea gestos de movimiento que sí otorgan un sello distintivo al montaje, tales como la acción de abrir el corazón o cerrarlo con llave, para permitir que los personajes se abran a las posibilidades del amor o le huyan al fracaso. Es particularmente admirable el juego de velocidades y calidad de movimiento que Ana diseña con su elenco, en especial tratándose de un escenario tan pequeño y con tantas limitaciones.

Y hablando de, el elenco de LQSA es definitivamente la sangre que hace latir el corazón de este musical. Ya habiendo mencionado su bellísimo trabajo vocal, quiero resaltar además el trabajo de construcción de personaje que realiza cada integrante de esta compañía. Ivanna Moltalban, Axel Santos y Pamela Reul se amalgaman perfectamente para dar vida a esa throuple que se mueve como unidad, y que al mismo tiempo permite vislumbrar los rasgos de carácter de cada uno. Julia, Axel y Alicia son personajes muy bien definidos (a pesar de los retos que la misma dramaturgia les impone), y la emoción que no logran trasmitir hablando, sin duda lo hacen a través del canto. Pero algo es un hecho: Mafer Millán y Luis Ceceña se roban el spotlight con sus personajes, que poco tienen de secundarios, y que de hecho se convierten en las voces del discurso de esta obra. Ella brilla como comic relief al tiempo que comenta desde dentro las inconsistencias del amor moderno; y él se gana el corazón del espectador con ternura, siendo su subtrama la que más fácil conecta con el público, aún cuando la misma historia no sabe muy bien qué hacer con él.

Queda claro que el mayor obstáculo de LQSA es su misma dramaturgia, la cual peca de querer abarcar mucho y apretar poco. El prólogo es un popurrí de observaciones acerca del amor que apenas y se relacionan entre sí; haciendo que el inicio se vuelva innecesariamente críptico y que poco invite a sumarse a este viaje. De hecho, la historia realmente agarra sazón cuando se aleja de esas pseudo-elocuentes reflexiones y se centra de lleno en la relación de los protagonistas. El problema es que LQSA no termina de comprometerse con explorar un solo tema a profundidad; los diferentes matices del poliamor, por ejemplo, que podría bien ser su mayor atractivo. Y vamos, no haría falta que se nos explique cómo funciona el poliamor si tan solo pudiéramos verlo en acción. Pero estructuralmente, el musical decide romper esa relación poliamorosa justo cuando apenas va terminando de definirla, y se transforma para el segundo acto en una exploración del duelo y el amor propio, que rompe con la premisa que se tomó todo el primer acto en construir. De la misma forma, toda la trama que concierne al despertar bisexual de Emilio y su relación con José se termina convirtiendo en una larguísima nota al pie de página, que distrae más de lo que abona y que se justifica con decir que el amor es “diverso”.

En conclusión, y aún a pesar de la brillante composición musical y el gran trabajo de los actores, este montaje se siente desenfocado. No olvidemos que LQSA es un work in progress, que sin duda aún tiene mucho que pulir. Pero en mi opinión, la prioridad para este nuevo musical mexicano tendría que ser la auto-edición. Nos queda claro que hablar del amor será siempre como abrir una caja de Pandora, donde hay mucho que decir y el truco está en descifrar cómo decirlo. Pero si lo que este equipo quiere es alcanzar su máximo potencial – ese que ya muchos alcanzamos a vislumbrar – la mejor decisión que pueden tomar es repensar su identidad y seguir en busca de su propia voz. Ansío poder volver pronto a esta historia para descubrir cómo la interacción con el público va moldeando el producto final. En verdad espero que este equipo confíe en el precioso trabajo que han construido, en que ya tienen bien afianzada la forma, y que se enfoquen en refinar el fondo. Si no, en palabras de la misma Angie: ya no sabremos ni de qué estamos hablando.

LQSA el musical – Work In Progress se presenta los miércoles a las 8:30 pm en el Centro Cultural de la Diversidad. Funciones hasta el 17 de diciembre. Boletos disponibles en Goliiive.