El Hilador: el mundo de posibilidad

Por: Jorge Rodríguez

No me atrevo a llamar esto una crítica. Y no me siento capaz de hacerlo porque, en este caso, hablaré de la que se convirtió en una de mis obras favoritas de la vida. Criticar algo que amas es más difícil de lo que parece. Para empezar, tratándose de un montaje que estrenó por primera vez hace años, poco he de poder decir que no se haya dicho ya en sus primeras temporadas. Y, de hecho, desde que compré mi boleto para ver este montaje supe que quería vivirlo como mis primeras veces en un teatro: sin expectativas, sin juicios; sin ponerme a analizar la escena o forzar mi atención en pequeños detalles, con la intención de develar algún hilo negro (cosa de la que peco últimamente). Así que hoy he decidido abrazar la subjetividad, y escribir desde mi experiencia más honesta; hablarles desde la emoción que invadió mi cuerpo al presenciar esta obra. Como una primera vez.

Ya ubicados en nuestras butacas, mientras coreamos las canciones de One Direction o Glee que amenizan la sala, somos interrumpidos por dos voces. Dos seres que nos advierten que una historia está a punto de ser contada; como invitándonos a ser conscientes de que vamos a presenciar una ficción, y por tanto a prestar nuestra imaginación para que ésta ocurra. Conocemos a Elena, la hija de un fabricante de velas; y a Quirón, un huérfano que ha experimentado desde una edad muy temprana los horrores del mundo. Quirón es elegido por La Muerte misma para ser su chofer personal y acompañarla a recoger a las almas que deben abandonar el mundo. Un día, Quirón y Elena se conocen, y se enamoran profundamente. Pero pronto descubren un hecho horroroso: que sólo podrán estar juntos, durante apenas unos instantes, cada vez que alguien muera. Así, su apasionada locura por el otro los orilla a cometer actos atroces, con el único fin de comprarse unos minutos más en compañía. Y cuando sus fechorías los hunden en culpa, ellos deciden huír de su mundo, llegando a otro más… real. Uno donde La Muerte no los encuentre, pero donde el felices para siempre de los cuentos no existe. El Hilador es un cuento de hadas; una travesía épica por el universo del amor. Pero también es un espejo sin filtro a la realidad en el que resulta imposible terminar cuestionando nuestra propia existencia.

Por: Paulina Watty

Lo primero que me emocionó al ver este montaje fue su monumental, inmersiva y encantadora producción, llena de detalle. La escenografía se siente como un museo, como un libro, o como un sitio abandonado, todo a la vez. De forma brillante, Sergio Villegas utiliza la textura y el color para dejar claro que La Muerte es la única fuerza que rige este universo en transformación. Y en conjunto con la iluminación de Matías Gorlero y María Vergara, el espacio cobra dimensión, profundidad y sustancia. Este es, debo decir, uno de los diseños de iluminación más lúdicos que he visto: desde la luz atmosférica más tenue hasta los cambios de luz más estridentes, invocados por los personajes, rompiendo así la escena para dialogar constantemente con el público. Los vestuarios de Sara Salomón son pura fantasía; particularmente el de La Muerte, que se arrastra como un ente hecho de humo; de la noche misma, de la más profunda oscuridad. E Iker Madrid le da la última capa de barniz a este montaje con su composición musical, dotándolo de una identidad fantástica y legendaria. Varias veces durante la función sentí escalofríos, de los buenos, porque la pura estética de este montaje emociona. Eso demuestra que este equipo creativo trabajó como una verdadera unidad, y terminaron creando magistralmente un espacio liminal, mágico, habitado por una sola cosa: posibilidad.

Y si de posibilidad hablamos, esta es posiblemente la primera vez que un elenco me ha hecho llorar así de intenso; estremeciéndome especialmente con sus silencios y suspiros, incluso más que con sus palabras. Ana Gonzalez Bello, de quien hace ya unos años me declaré eterno fan (recuerden, subjetividad), es profundamente generosa en el arte de contar historias. No solamente por el cuidado y el compromiso que tiene para cargar cada sílaba de emoción, sino también por la manera en la que se apodera de sus personajes y les permite habitar su cuerpo y su voz. Su Elena es tierna, atrevida y audaz; con una voz y una mirada que te hechiza en segundos, y con quien querrías pasar horas platicando. Por otro lado, ver a Evan Regueira se sintió como una gran revelación, aún cuando me parece haberlo visto ya en otros montajes. Nos regala a un Quirón espontáneo, honesto y sumamente chistoso; encantador, de esos personajes que te hacen enamorarte en serio. Y en esta escena teatral mexicana – llena de narraturgia hasta el hartazgo – pocas voces son tan eficaces narrando y haciéndote sentir como este par.

Por: Paulina Watty

Ahora, Marcos Radosh como La Muerte es quizás quien más me impresionó, pues me conmovió desde el lugar más inusual: el silencio. Aún sin rostro y sin sonido, su corporalidad y su trazo – milimétricamente preciso, y al mismo tiempo orgánico y espontáneo – hizo que yo creyera, en verdad, que tenía ante mis ojos un ser fantástico. Y si yo ya era amante de Janet Ono (otra vez, subjetividad), ganas me sobran de ver cada cosa en la que Marcos participe, de aquí en adelante.

Y, por último, no podría hablar de mi obra favorita sin detenerme un momento a mencionar el trabajo de dramaturgia de Paula Zelaya Cervantes, quien no sólo se ha convertido ya en una de mis autoras favoritas, sino que sus obras se ha ganado un lugar muy especial en mi corazón. El Hilador es una historia de amor, de esas cursis y empalagosas que ya no solemos ver tan seguido. Pero también es una comedia ácida y oscura; una sátira sobre la ilusión que los sueños implantan en nuestra mente, y que no podría estar más alejada de la cruda realidad del mundo. Paula, experta en crear textos que te estrujan el alma y después te la reconstruyen, nos regala con El Hilador una aventura que es, al mismo tiempo, un escape y un reflejo de la realidad; como queriéndonos decir que no hay escapatoria de la vida. O más bien, que no es necesario escapar de ella, y simplemente hay que vivirla.

Por: Paulina Watty

Como probablemente ya quedó claro, desarrollé un vínculo muy personal y estrecho con esta historia. Convirtiéndose en esas obras que probablemente pueda ver cien veces, sin cansarme, y que querré compartir con todas las personas en mi vida. El Hilador, en mi mente, es una nube y al mismo tiempo un ancla; invitándonos a navegar por los sueños pero manteniendo los pies en la tierra, firmes, dispuestos a enfrentar al mundo. Y es que, un poco, eso es el teatro. Un mundo donde podemos controlar lo incontrolable, donde explicamos lo inexplicable, y donde lo imposible tiene un lugar y un propósito. Un lugar de escape, de descanso, y de reflexión; que te reconforta y te ayuda a sanar, pero que también te enfrenta a esas preguntas que a veces, en el cotidiano, nos cuesta tanto trabajo hacernos. Y en mi caso, el teatro ha sido y sigue siendo un faro; una guía que me ha mostrado el camino innumerables veces, y que siempre termina poniéndome en el lugar correcto. Yo no conocí esta historia cuando estrenó por primera vez, y no tuve la oportunidad de verla por muchos años. Pero hoy puedo afirmar con certeza que esta obra llegó a mí en el momento que más lo necesitaba, y al día de hoy no la he terminado de procesar.

Si el término “una carta de amor al teatro” ya está más que agotado, El Hilador es la excepción, pues esas palabras jamás han descrito mejor un montaje. Y es que, en un mundo lleno de cosas horrendas, retorcidas y por demás jodidas, El Hilador es ese resplandor de una vela que nos ayuda a enfrentar la profunda oscuridad, al menos con una sonrisa. El Hilador es una historia de amor legendaria, que traspasa las barreras del espacio y tiempo. Y para mí, El Hilador se convirtió en mi propia historia de amor con el teatro. Ese lugar de oscuridad reconfortante, de eterna posibilidad, donde podemos siempre encontrar… luz.

El Hilador tendrá su nueva temporada del 23 de junio al 29 de septiembre en el Teatro Helénico. Funciones los lunes a las 8:00 pm. Boletos disponibles en taquilla y en línea.

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