Por: Jorge Rodríguez
Cuando pensamos en el documental, por lo general viene a nuestra mente el testimonio; la palabra o los pensamientos de una persona, plasmadas y reproducidas por ella misma o por terceros en un medio audiovisual, a fin de dar perpetuidad a su experiencia. En el caso del teatro documental, normalmente lo pensamos como un trabajo de investigación previa que un equipo creativo realiza, y que más tarde es sintetizado y traducido al lenguaje escénico. Pues bien, este montaje es otro tipo de documento: uno vivo, que tiene un latido y una respiración claros, y que con el paso de los años se ha ido adaptando; desarrollando, y construyéndose una identidad propia. Y, en mi opinión, qué medio más idóneo puede existir para hablar sobre la búsqueda de identidad – esa que a veces es tan polémica, y a la vez tan naturalmente humana – que la escena.
La dramaturga y directora Laura Uribe nos invita a un espacio de encuentro con Samantha Channel Cantú, Andrea Vázquez, Dan Nicolás Fonseca y Dan Escárraga: Les Desertores. Elles, sin ser actores profesionales, toman el escenario para contarnos sobre el papel más demandante y complejo que han tenido que interpretar en sus vidas: crecer en un cuerpo y con una identidad que no son suyas. Desde su infancia temprana, su pubertad y hasta la adultez; nos narran las dudas, los retos y los logros que han atravesado durante su proceso de transición. Elles nos invitan a repensar la experiencia queer como un acto de resistencia disidente ante la normatividad social; y al mismo tiempo, entender lo no-normativo como algo que no compete únicamente a algunos, sino a todos. Con y a partir de la experiencia real de infancias y juventudes trans, Les Desertores es un dispositivo escénico convertido en un laboratorio de investigación colectiva, donde actores y espectadores pueden unirse a la reflexión, la de-construcción y la re-configuración de la sociedad en torno a las barreras que el género nos impone.

No es posible tratar de analizar esta obra con los mismos criterios que usaría para una puesta en escena tradicional. Sin embargo, puedo comenzar afirmando que la dirección y el texto de Laura Uribe son extremadamente inteligentes. Su dramaturgia parte de la exploración en escena de las realidades que cada miembro del elenco vivió. Y ella hace un gran trabajo al darle orden y sentido a cada fragmento del montaje; realizando, de muchas maneras, la curaduría de una exposición viva sobre la identidad de género y lo trans. Entiende perfectamente que la experiencia particular de estos actores debe contarse desde su mirada, con su propia voz y en su propio estilo; y, por lo tanto, se encarga de darles las herramientas escénicas necesarias para explorar en espacio, color, textura y sonido, sus realidades. En lo personal, me fascinó poder conocer y entender la experiencia trans en el ámbito familiar y escolar; los cuales – hablando también como miembro de la comunidad LGBT – pueden ser los más tortuosos y complejos de transitar. Además, este montaje aborda la identidad trans desde su cuestionamiento más primigenio y esencial: ¿quién soy?; que es, además, algo que todos los seres humanos nos preguntamos constantemente, independientemente de nuestro género.
Siguiendo la ya mencionada curaduría de su directora, este equipo creativo se encarga de hacer brillar a sus cuatro actores, quienes son los verdaderos pilares de esta experiencia. Sabina Aldana – encargada de la dirección de arte y el diseño de espacio, vestuario y utilería – crea una identidad visual y estética para el montaje que es igual de diversa que cohesiva; enalteciendo la universalidad de las experiencias que se nos presentan, esas que para algunos podrían comenzar sintiéndose lejanas. El diseño sonoro de Claudia Arellano y el diseño de iluminación y video de An Beltran C, suman a este tratamiento estético de la escena, convirtiéndola en un espacio que no pierde el carácter teatral – invitándonos a ser partícipes de una ficción – y que a la vez nos presenta estas realidades de forma más accesible. De hecho, uno de los mayores aciertos de este montaje es la manera en la que desarrolla el testimonio; no como una pieza de archivo, distante y ajena, sino como algo de lo que nos podemos apropiar desde nuestras respectivas verdades.

Finalmente, quiero apuntar que este elenco, si bien no está conformado por actores profesionales, transita exitosamente entre la ficción teatral y la narración de sus propias experiencias. Astutamente dirigides, abrazan la escena como un espacio de exploración de sus propias identidades; nos hacen entender lo trans y lo queer como un espectro en constante evolución, y nos hablan siempre desde la autenticidad más entrañable. Y cuando entendemos que este trabajo ha sido también una herramienta que les ha ayudado en sus propios procesos de transición, queda todavía más clara la pertinencia de este tipo de espacios.
Les Desertores entiende la convención teatral como un medio que cataliza y propicia la auto-exploración y el auto-descubrimiento a través de las emociones y las vivencias más humanas. Y al mismo tiempo, nos propone la instrumentalización del hecho escénico como un laboratorio de investigación, convirtiéndonos más que nunca en espectadores activos; en creadores. Relacionándonos directamente con la escena para conocer, comprender y abrazar eso que en la realidad nos puede resultar confuso y ajeno.
Si bien este montaje explora temas y plantea preguntas que pueden resultar desafiantes y abrumadoras para algunas personas, Les Desertores convierte la escena en un espacio de comunidad en torno al descubrimiento de la identidad, tanto de les otres como de uno mismo. Y esta no podría ser una experiencia teatral “normal”, porque es en el cuestionamiento de la normatividad donde podemos entender aquello que verdaderamente nos unifica. Les Desertores es un documento escénico que nos invita a abrazar la diversidad a partir de esas preguntas que todes nos hacemos en la infancia, y que nos termina convirtiendo en los seres complejos y completos que somos, siempre, en todas partes.

Les Desertores se presenta de jueves a domingo en el Teatro Santa Catarina de la UNAM. Funciones hasta el 6 de julio. Boletos disponibles únicamente en taquilla.