Pase de Lista: la importancia de la sensibilidad histórica

Por: Jorge Rodríguez

Con el paso de los años, en nuestro país como en el mundo, hemos visto diferentes propuestas musicales que recurren a un evento o a un personaje histórico para, a partir de él, contar una nueva historia. Y esto solamente es posible cuando el equipo creativo detrás de un montaje reconoce la esencia de su discurso en el momento histórico que decide revisar, y lo hace siempre con extremo respeto y sensibilidad. Contando el pasado con contexto y consciencia, para entender nuestro presente, y así, hacernos preguntas sobre nuestro porvenir.

Un 2 de octubre de 1968, miles de estudiantes se reúnen en la Plaza de las Tres Culturas para protestar en contra de los actos cometidos por la policía y las fuerzas armadas de México. El mítin está por terminar cuando se disparan bengalas desde un helicóptero, y el ejército mexicano — que se había hecho presente con el pretexto de vigilar la seguridad — comienza a abrir fuego sobre los asistentes al evento.

Un grupo de cinco estudiantes corre a refugiarse de las balas en uno de los departamentos de seguridad de Tlatelolco, y una vez encerrados, se enfrentan a la desesperación del encierro y al miedo a no volver a ver a sus seres queridos. Desde su escondite, Marina, Tania, Isa, Gabo y Luis Fernando deciden organizar lo que mejor saben hacer: una asamblea; en la oscuridad y el silencio de la incertidumbre, para conocerse y saber qué les ha traído hasta este lugar. Una asamblea que más tarde es interrumpida por Pancho, un joven asustado que les suplica dejarlo refugiarse a su lado, y cuyo llamativo guante blanco esconde un turbio secreto. De esta manera, los seis estudiantes se enfrentan a uno de los momentos más oscuros en la historia de este país con las mejores armas que cualquiera puede usar frente a la injusticia: su voz, su coraje, y sus ganas de encontrar, vivir y luchar.

Pase de Lista — de Víctor Andrade e Iván Sotelo — es un nuevo musical original mexicano que apuesta todo al brillo y al carisma de su elenco. Compuesta enteramente de talento joven, esta compañía exuda entusiasmo, energía y furia, cosa que resulta ideal al hablar del Movimiento Estudiantil de 1968. Pero, ahí donde Pase de Lista brilla por sus voces prodigiosas y sus armonías electrizantes, falla en dotar a sus intérpretes de rasgos de carácter claros que puedan explorar y desarrollar a lo largo de la obra.

La función comienza con No se olvida y Estamos aquí, dos canciones que establecen perfectamente el universo del musical. Dándonos un vistazo a las vidas de los personajes antes de la tarde del 2 de octubre, estos números utilizan elementos de la trova para capturar el espíritu revolucionario de los estudiantes. Sin embargo, ese tono de rebelión y protesta que el musical tan bien establece en su opening se diluye al momento en que los personajes se encierran en el departamento, dando pie a una serie de solos más melancólicos y por inercia, más popperos.

Muy al estilo de Cats, la mayoría de las canciones se utilizan para introducir uno a uno a los personajes, y se deja muy poco tiempo para realmente desarrollarlos en una historia. Tenemos un conjunto de seis I-Want songs que nos cuentan quiénes son estos estudiantes y qué desean en la vida; desde filmar una película que trascienda su época, hasta volver a ver a su hermana desaparecida. No obstante, esos deseos y aspiraciones no llegan a ningún lado, cuando los seis inevitablemente conocen el destino trágico que ya todos veíamos venir. El musical luego cierra con Presente, Pliego Petitorio y Primavera; que además de sentirse como tres posibles finales consecutivos — o más bien, dos finales y un epílogo, a manera de curtain call — pretenden ser más bien un homenaje a aquellas voces que han sido silenciadas en su búsqueda de libertad. Parecería, entonces, que haber conocido a estos seis personajes y pasado con ellos las últimas dos horas y media no influyó absolutamente en lo que el montaje nos quería decir; y que Pase de Lista busca simplemente recordarnos a través de la música ese espíritu de lucha que con los años hemos ido dejando atrás.

Resulta desconcertante ver cómo este elenco hace hasta lo imposible por darle complejidad y sustancia a un conjunto de personajes que son, desde el papel, bastante planos. Claro ejemplo es el de Dafne García, quien interpreta a Marina: una estudiante feroz que se mantiene valiente a pesar de la desaparición de su hermana, y quien ha convertido su pérdida en su motor de lucha. Dafne materializa ese dolor y resiliencia desde un lugar de crudeza y respeto; sin embargo, el texto pronto abandona su complejo carácter y lo reduce a una chica que fácilmente se rinde ante la inevitabilidad de su muerte, feliz de que al menos hizo amigos en el camino. Incluso si ignoramos la vanalización de un asunto tan sensible como las desapariciones forzadas, igual es triste reconocer ese enorme potencial de un personaje que el mismo musical deja perder.

Otro buen ejemplo, y en mi opinión aún mas desalentador, es lo que ocurre con los personajes de Tania y Luis Fernando, interpretados por Tannia Dávila y Víctor Andrade (mismo dramaturgo y compositor del musical). Él es un joven entusiasta que sueña con convertirse en maestro, para inspirar a más generaciones a encontrar su voz; pero cuyas intervenciones solo enfatizan una incomoda necesidad de ligar con alguna de las chicas ahí dentro. Ella, por su lado, es una estudiante de preparatoria obsesionada con su novio de licenciatura, Matías, y parece no tener otro rasgo de personalidad además de su vínculo afectivo. Evidentemente, la dramaturgia no está interesada en explorar la psique de sus personajes a profundidad, y más bien elige poner énfasis en sus relaciones. Particularmente el caso de Tania — reducida a un personaje femenino sin profundidad ni aspiraciones propias, orbitando alrededor de una figura masculina (mayor que ella, además) — raya en lo ofensivo y problemático, incluso si lo que se busca es retratar una época donde la figura femenina era aún más reprimida e invisibilizada. Ahora, quiero enfatizar una cosa: Tannia y Víctor poseen voces abrumadoramente bellas, y lo demuestran muy bien en sus respectivos números musicales; ambos poseen tremenda presencia escénica, y una gran habilidad para transmitir emoción a través del canto. Sin embargo, aunque en otras circunstancias se habrían convertido en absolutas revelaciones, al final se quedan como dos diamantes en bruto; dos grandes cantantes, que el texto no nos permite conocer a nivel actoral.

En realidad, son Lorenzo Lopez y Diego Enríquez quienes tienen mayor oportunidad de mostrar versatilidad en sus respectivos personajes. Diego, por ejemplo, carga de ansiedad y temor a Pancho, permitiéndonos apreciar su duelo interno, incluso antes de su importante revelación. Lorenzo, por otro lado, habita a Gabo desde la ternura y la ingenuidad, pero contrastándola con la consciencia social e histórica que su personaje carga, al querer preservar la memoria del movimiento estudiantil. No obstante, en mi opinión, es Begoña Ibarreche quien desarrolla el trabajo actoral más interesante y completo de todo el elenco. Con una voz igualmente prodigiosa, Begoña encuentra en Isa — la chica fresa del grupo, estudiante de la Ibero e hija de un funcionario de gobierno — una gran variedad de matices, permitiéndole crecer a su personaje desde la imprudencia más naïf hasta la auténtica deconstrucción de su realidad, entendiendo su posición de privilegio y e identificando aquello que la mantiene parte de este grupo de jovenes revolucionarios.

Resulta paradójico que el personaje más sustancioso sea el que parte de un estereotipo tan aparentemente vacío como el de una niña fresa sin mundo; que el gran secreto de Pancho tenga consecuencias casi nulas en el desarrollo de la historia, y que la principal transformación que los personajes experimentan a partir de su encuentro sea hacer amigos o conseguir pareja. Esa superficialidad de la dramaturgia hace que experimentemos Pase de Lista desde la misma distancia cómoda en la que ya recordamos, o decidimos ignorar, el 2 de octubre. Y aún cuando este musical parecía querer darle voz, cara y dimensión a las víctimas de este trágico evento, se olvida precisamente de construir personajes que se sientan de carne y hueso; entregándonos apenas un bosquejo de caracteres, como si necesitáramos un recordatorio de que esos estudiantes también eran personas.

Y aunque ya he hablado lo suficiente sobre las flaquezas de este musical a nivel dramatúrgico, me parece que la dirección de escena es su principal talón de Aquiles. Iván Sotelo decide contar esta historia en un espacio vacío, confiando en las interpretaciones de su elenco que permanece sentado en el piso la mayor parte de la obra. Pese a ello, noto una falta de claridad y consistencia en el lenguaje escénico y en las convenciones que su montaje plantea. En un principio, parece que los números musicales ocurren únicamente dentro de la mente de los personajes a manera de monólogo interno, como es el caso de Donde Dijiste y El Guante. Sin embargo, otros números parecen ocurrir de manera diegética, con el resto de los personajes participando a manera de ensamble, como en Mi Princesa o Mi Película. Para colmo, hay momentos en los que los actores se van a los extremos del escenario a tomar agua o descansar, como si no pudiéramos verlos; sacándonos por completo de la ficción. Y el problema no es la diversidad de convenciones, sino el nulo esfuerzo por crear transiciones lógicas y claras entre ellas. Esto provoca que el montaje se vuelva más monótono y aletargado, y que los números musicales se sientan desconectados de la historia que se nos está contando; como si los actores fueran tomando turno para cantar sus canciones, a manera de concierto.

Fuera de las incoherencias de la dirección en materia de trazo y diseño de movimiento, este es además un montaje que no termina de entender su tono. Pase de Lista parece transitar entre la solemnidad del homenaje y el memorial, y la ligereza de un melodrama esperanzador enfocado más bien en el encuentro y la conexión humana. Quizás lo que le juega en contra a este musical es su afán de ser uplifting, cuando los eventos históricos en los que se inspira son inherentemente decepcionantes y perturbadores. Y entonces, para lograr transmitir ese sentimiento de esperanza a sus espectadores, Pase de Lista recurre a la franca romantización del 2 de octubre; distorsionando la realidad para construir un relato que se acerque emocionalmente a esos feel-good musicals que el público tanto ama.

En realidad, lo que encuentro más problemático de este musical es su falta de discurso. Porque, aún si se decide no abordar la Matanza de Tlatelolco desde un lugar de sobriedad, el musical tendría que plantear preguntas pertinentes o una postura significativa. En su lugar, tenemos una dramaturgia que no sale del lugar común y que busca generar empatía a través de personajes unidimensionales y con un conflicto moral extremadamente simplificado; en vez de articular una reflexión empática de la historia, reconociendo la complejidad de este suceso y su impacto en nuestra identidad y desarrollo como país. Parte de mí no puede evitar pensar que decidieron tomar el 2 de octubre, simplemente porque otro momento histórico — como la guerra contra el narco o Ayotzinapa — se habría sentido too soon. Y lamentablemente, escuchar la frase No se olvida en este musical se siente más con una repetición por inercia que  como una convicción de lo que el musical tiene que decir.

Es posible que me haya tomado demasiado personal estos problemas que señalo. Y al mismo tiempo, ¿por qué eso demeritaría el sentimiento negativo que este montaje me provocó? De hecho, me parece más interesante explorar desde esa inconformidad y plantear preguntas que nos ayuden a dialogar, como espectadores, con este nuevo musical mexicano. ¿Pase de Lista pretende incomodar a su público, obligándolo a enfrentar la oscuridad de su pasado? ¿O más bien busca que, como ha ocurrido en días recientes, el público ignore ese trasfondo menos amable y se enfoque en la belleza de su música y la virtuosidad de sus interpretes?

En efecto, la música de Pase de Lista me parece poco menos que excepcional. Y como muchos que hemos tenido la oportunidad de escucharla en vivo, sería muy feliz si pudiéramos tener la grabación del elenco original, y reproducir canciones como Primavera hasta el hartazgo. Pienso que Pase de Lista habría sido un increíble álbum conceptual; con una colección de canciones hermosamente cantadas y compuestas, pero conectadas únicamente a nivel temático, no a nivel narrativo. Por lo tanto, me cuesta reconocer a Pase de Lista como un musical exitoso, dado sus dificultades para desarrollar su historia y a sus personajes.

Me parece importante ir a ver este musical, porque creo que el público puede tener experiencias muy diversas en su capacidad de conectar con este montaje; además, de conocer el talento de este elenco, que definitivamente consolidará la nueva generación del teatro musical mexicano. Pero también me parece importante cuestionarlo, pues hoy más que nunca creo que el arte debería tener algo importante que decir. Hablando de la memoria histórica, y en estos tiempos de incertidumbre y dolor, la manera en la que nos relacionamos con nuestro pasado puede hacer la diferencia entre la resiliencia y la desesperanza. Pero como bien lo dicen los personajes de Pase de Lista: no todo cabe en una cinta; no todo lo violento hace ruido. Y en algunos casos, no todo lo bello se queda en la memoria.

Pase de Lista se presenta los lunes a las 8:30 pm en el Foro Shakespeare hasta el 27 de abril. Boletos disponibles en taquilla y en Boletópolis.