Trigal de Luciérnagas: la fantasía y la plaga de nuestro pueblo

Por: Jorge Rodríguez

El teatro puede ser un lugar de escape, donde los males de la vida desaparecen y podemos sentir por un breve instante que todo está mejor. El teatro también es un espacio de descubrimiento, donde podemos hacernos preguntas y encontrar el camino iluminado que hemos de recorrer. A veces, el teatro es un espacio de reconfiguración – de ruptura – donde los paradigmas se rompen y podemos gestar las luchas que después revolucionen los diferentes estratos de nuestra sociedad. Y, en el mejor de los casos, el teatro puede ser todas esas cosas a la vez. Como ocurre con este montaje.

Conocemos a las Papelitas, una banda de niñas hechas con pedacitos de papel; con trozos de esos libros que, al abrirlos, te iluminan. Ellas nos cuentan la historia de un pueblo, su pueblo, que bien podría ser cualquier otro. Aquí gobierna Inga Pirita, un alcalde cínico y ambicioso, y la población se rige bajo una filosofía ancestral: no veo, no oigo, no hablo. En la penumbra, una mujer llamada SeñoRota y su secuaz, Amantina, cultivan flores en un invernadero. Ellas las modifican – las corrigen – al antojo de la clientela, siempre que la paga sea suficiente. Un día, la mujer recibe un encargo de su cliente más importante, quien le pide que convierta al bebé recién nacido de Xiadani – una mujer fértil – en una plántula para satisfacer sus gustos. Entonces, las Papelitas pedirán ayuda de las dos ancianas que les han dado cuidado a lo largo de sus vidas, Casandra y Teresa, para salvar a Xiadani. Todo esto, mientras dos extranjeros observan cuidadosamente, desde lejos, cómo el pueblo entero sucumbe ante un poderoso ente perverso que acecha desde la maleza. Trigal de Luciérnagas es una aventura fantástica – aunque más cercana a la realidad de lo que parece – que nos cuenta cómo podemos vencer al mal que nos azota.

Cortesia

Alicia Martínez Álvarez y la compañía Papelitas Teatra han creado un universo plástico y sensorial que absorbe al espectador y lo transporta a un lugar sacado de las páginas de cualquier cuento de hadas, pero que al mismo tiempo conserva un carácter oscuro y profundamente anclado a la realidad. El uso magistral de máscaras y el diseño de vestuario de Karla Daniela delimitan a la perfección cada personaje, dándoles profundidad y personalidad. Y el diseño de iluminación de Mar Serna, así como el diseño de escenografía y utilería de Dianhe MH, se conjuntan para crear un mundo mágico sobre el escenario, dando lugar a un juego visual y de movimiento constante, que vuelve esta historia casi épica. Por último, en materia de dirección, Alicia Martínez Álvarez se aprovecha de elementos del clown y de la danza, así como de su maestría en el manejo de la máscara, y lleva a su elenco a crear personajes dulces y entrañables; que trascienden el arquetipo que inicialmente personifican y se convierten en metáforas vivientes. Esta directora y este equipo creativo son, ante todo, inteligentes. abrazando una estética que podría parecerse a un montaje para jovenes audiencias, pero aprovechando esa capacidad de la fantasía de suspender la realidad, para confrontarnos con algunos de los temas más oscuros y necesarios de revisar en nuestra sociedad.

Ahora, si bien excelsamente dirigidos, este elenco también está lleno de talento y pasión, que llena a cada personaje de una ternura y una calidez palpable. Personajes como Inga Pirita, Amantina y SeñoRota, que se construyen desde el arquetipo de malo de malolandia, terminan por dejarnos ver su miedo y vulnerabilidad cuando se enfrentan a la figura imponente de Nacatzum – esa creatura oscura que acecha en el trigal. Andrea Marentes, Doroty Melanie y Valeria Razo combinan la comedia física y la corporalidad grotesca propia del clown con una interpretación mucho más sensible de sus personajes; convirtiéndolos intencionalmente en caricaturas de sí mismos, y por tanto llevándolos a cuestionar sus propias acciones. Por otro lado, Valeria Ibarra e Ismael Rojas dan vida a Mandarina y Tamarindo, los dos forasteros que regresan al pueblo después de haber abierto las alas. Ellos personifican la juventud, esa que ha aprendido a brillar y que elige volar lejos para escapar de la oscuridad. A veces muy distantes pero siempre conservando una gran curiosidad, se convierten en una especie de guía para el espectador; pues, si bien no son precisamente los narradores de la historia, sí son clave para develar los ejes temáticos del montaje.

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Pero son probablemente Casandra y Teresa, interpretadas por Ximena Sotomayor y Maritza Medina, los personajes mas importantes de esta historia; la ciega que lo ve todo, y la que sin hablar todo dice. Ambas actrices nos regalan un emocionante trabajo que captura la fortaleza de la vejez, y la sabiduría que se transmite de una generación a otra. Pero sobre todo, Casandra y Teresa son dos personajes que representan con belleza los mecanismos que las mujeres han encontrado, a lo largo de los años, para defenderse y combatir al mal que las golpea incesantemente. Finalmente, María Olguin da vida a Xiadani, quien es la imagen viva de la resiliencia y la lucha femenina ante la violencia sistemática.

Papelitas Teatra han creado un texto colectivo que convierte una fábula infantil en un espejo de resistencia ante la misoginia y el machismo, plantado de raíz en nuestra cultura. Nos retrata una sociedad hundida en la indiferencia, donde se acusa de rebeldes a las nuevas generaciones que pretenden luchar contra la injusticia. Al mismo tiempo, se nos revela el papel que desempeña la educación, el arte y la maternidad como catalizadores de la revolución; transmitiendo la sabiduría de las generaciones que antes resistieron, para darle armas a las nuevas generaciones y ayudarles a combatir la verdadera plaga que mata los sueños y corta las alas. Esta obra se atreve a demostrarnos que el miedo nos paraliza, y nos puede quebrar por dentro. Pero también nos recuerda que el miedo se combate, simplemente con el cálido abrazo de una madre o de una hermana; de un ser humano. Trigal de Luciérnagas es una obra que blande su ternura como el filo de una daga, conmoviéndonos; abriendo la profunda herida que todas y todos llevamos en nuestro pecho, para permitirle cicatrizar y sanar.

El teatro es ese alimento que sana heridas, y también es esa biblioteca a la que podemos recurrir para encontrar respuestas. Y en este caso, Trigal de Luciérnagas es un abrazo al corazón que nos invita a brillar; a volar. A encender el mundo en llamas, si es necesario, para evitar que este tipo de historias se sigan repitiendo. Pero, sobre todo, a caminar a nuestro propio ritmo mientras nos abrimos paso entre los vastos campos de la vida. Trigal de Luciérnagas es una sorprendente y conmovedora aventura fantástica, para aprender a sanar el cuerpo y curar los males del alma.

Trigal de Luciérnagas se presenta miércoles y jueves a las 8:00 pm en el Teatro Helénico. Funciones hasta el 21 de agosto. Boletos disponibles en taquilla y en línea.

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