Prendida de las lámparas: la memoria bajo el reflector

Por: Jorge Rodríguez

Un 7 de agosto de 1974, en Tel Aviv, Israel, muere una mujer al ser electrocutada mientras conectaba una lámpara. Cien años después, las pulsaciones de su obra siguen dando luz a la existencia de hombres y mujeres en distintas partes del mundo. Bajo esta premisa, la Compañía Nacional de Teatro y Teatro UNAM han unido fuerzas para dar vida a este montaje que homenajea los 100 años del natalicio de Rosario Castellanos; se nos invita a entrar al Teatro Juan Ruíz de Alarcón para habitar en pequeños destellos la memoria de una de las escritoras más importantes de la literatura mexicana. Aquí, la aclamada autora se encarna en la voz de tres actrices para contarnos diferentes etapas de su vida, y así ayudarnos a entender la existencia de una mujer que vivió siempre con la urgencia de encender su luz sobre el mundo.

La directora Mariana García Franco trabajó en conjunto con la diseñadora Natalia Sedano para sumergirnos en un lugar fuera de cualquier espacio y tiempo; un desierto habitado únicamente por lámparas y sillas en el que comenzamos a presenciar la historia. En general, la dirección plantea un acercamiento a la vida de la autora desde un constante duelo entre opuestos: habitamos un espacio que estéticamente se siente propio de una época pasada, pero que a la vez no pertenece a ninguna. Transitamos entre el antes y el ahora; entre la vida y la muerte. Y este concepto de memoria en tránsito es producto directo del trabajo con el texto de Elena Guiochins; quien nos cuenta la historia de este personaje, no como un suceso lineal, sino como un conjunto de flashes – de descargas eléctricas – que van iluminando o “encendiendo” los momentos de la vida de Rosario, sin un órden específico. Mariana García Franco demuestra no solo un perfecto entendimiento de esta dramaturgia, sino además una gran destreza para coordinar y poner a jugar los distintos elementos del lenguaje escénico. El vestuario de Fernanda García, el diseño multimedia de Vera Rivas y el diseño sonoro de Miguel Tercero; todo se convierte en una pieza más de este cubo rubik que las actrices van armando y reconfigurando, para darle sentido a las memorias de esta notable escritora.

El elenco de Prendida de las lámparas está conformado por Luisa Huertas, Dulce Mariel y Ana Karen Peraza; cada una dando voz a una etapa distinta en la vida de Rosario Castellanos: la Rosario niña, la Rosario estudiante, y la Rosario adulta, convertida Embajadora de México ante Israel. El trabajo de estas tres actrices está lleno de amor y respeto hacia el gran personaje que interpretan, y además se nota su compromiso para darle vida, siempre desde la mirada que la dramaturga propone en el texto. Aquí no vemos a Rosario Castellanos como la figura histórica inalcanzable, convertida casi en pieza de museo – algo de lo que muchas obras biográficas pecan. Al contrario, la dramaturgia aborda su historia desde todas las otras diferentes aristas de su vida, esas que no son su trabajo como escritora. Sí, sabemos que se trata de una autora importante. Pero Elena Guiochins, quien reconoce el papel de esta mujer como pionera del feminismo en México, elige abordarlo desde esas otras realidades que también la atravesaron. Porque ser hija, esposa, madre, amiga y amante – particularmente en el periodo histórico que le tocó vivir – es en sí mismo un acto de resistencia. Y, por lo tanto, la dramaturga expone que el activismo revolucionario de Rosario Castellanos no solo estuvo presente en sus textos, sino también en su existencia más cotidiana. Es a partir de esta mirada que las actrices reconstruyen la memoria de Rosario: no hablando de lo que convierte a una persona en una figura histórica, sino de lo que le pasa a una mujer por ser mujer. En ese sentido, Prendida de las Lámparas es un montaje realizado por mujeres, hablando de una gran mujer, para hablar de todas.

Ahora bien, sí debo mencionar algo que a mí parecer es un desacierto importante desde la dramaturgia. Como ya dije, esta obra habla sobre las diferentes realidades que Rosario Castellanos vivío, desde la relación con sus padres en su niñez hasta su matrimonio y su amistad con la poeta Lolita Castro. Se hace una revisión minuciosa de las relaciones personales de la autora, pero poco se habla de su obra; de sus motivaciones para escribir, de la relación que sus textos tenían con su propia vida – la cual se queda escondida en el subtexto – o de muchas otras reflexiones que pudieron surgir a partir de explorar escénicamente su vasta producción literaria.Y sí, el texto contiene extractos de la obra de Rosario Castellanos, mezclados con sus propias memorias. Pero, ¿acaso el espectador es consciente de esto? Francamente no, a menos que esté previamente familiarizado con los escritos y poemas recuperados en esta dramaturgia. Y esto sí me parece un error, pues soy firme creyente que ninguna puesta en escena debería demandarle a su público tarea previa.

El mayor, y me atrevo a decir, único desacierto de este montaje es ser demasiado de nicho. La dramaturgia plantea premisas muy interesantes. Por ejemplo, una mujer feminista que también quiso esas cosas que no solemos asociar con el feminismo, como casarse y tener hijos; o bien, la revisión de una figura histórica, que también fue una persona de carne y hueso. Pero el texto solo plantea estas premisas, y no las lleva necesariamente a un cuestionamiento real del legado de Rosario Castellanos. Al contrario, pareciera que este montaje no pretende poner nada en crisis, y se enfoca exclusivamente en hacernos conectar a nivel emotivo con una mujer que, da la casualidad, también fue escritora. Esta situación limita, a mi parecer, el alcance y el impacto que la obra puede tener en su público. Termina funcionando meramente como la biografía viva de una autora, atractiva solo para quienes ya tienen cierto interés en su obra o en su historia de vida.

¿Un montaje exitoso? Sin duda alguna. Pero Prendida de las lámparas falla en ofrecer algo más que memoria escenificada. Este es un montaje que toma la figura de una mujer trascendental para la historia, y la humaniza. Pero al mismo tiempo, es una dramaturgia que se esfuerza demasiado en convertirla en una mujer de carne y hueso, quitándole por elección lo que la convirtió en una leyenda. Por lo tanto, estamos ante un montaje que está perfectamente realizado y que contiene elementos de inmenso valor estético, pero que probablemente se quede en el archivo y no se convierta en un hito para quien lo especte. Un montaje visualmente bello, enormemente poético y genuinamente disfrutable, pero que – paradójica y tristemente – termina también siendo poco trascendente.

Prendida de las lámparas se presenta de jueves a domingo en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón, en el Centro Cultural Universitario de la UNAM. Funciones hasta el 23 de agosto.

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